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Evangelios de Marzo

Los temas de los evangelios de Marzo corresponden a la  tercera, cuarta, quinta semana de Cuaresma y Semana Santa. No hay una lectura continuada de uno de los evangelistas sino perícopas variadas que nos acompañan hasta las celebraciones de la Semana Mayor. En la celebración con palmeras y ramos, a imitación de los judíos de Jerusalem, reconocemos que algo extraordinario está pasando. La entrada de los acontecimientos de la Cena del compartir, de la muerte y resurrección de Jesús, y el estallido de la presencia viva del Resucitado.
Estas lecturas nos facilitan la comprensión de los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
 
Estos son los temas por semanas:
El tercer domingo de cuaresma corresponden a perícopas de Juan que nos hace reflexionar sobre la situación de injusticias que cobija las instituciones del templo de Jerusalén y el domingo de la cuarta semana nos presenta a Jesús el Cristo como el rescatador, a semejanza de la serpiente levantada en el desierto para salvar al pueblo de las serpientes venenosas.
Las lecturas, de las perícopas evangélicas de la quinta semana están tomadas del Evangelio de Juan. El día domingo es la glorificación de Jesús y la semilla como símbolo y los siguientes evangelios de la semana descubren el horizonte último de Jesús: la hora de Jesús ha llegado, la próxima glorificación del hijo del hombre, la verdad como  camino de  liberación, la liberación se hace palabra en Jesús, la muerte no será definitiva por ser Jesús uno sólo con el Padre; y el sábado indica el final humano de la vida de Jesús dictada por los sacerdotes: “un solo hombre morirá para todo el pueblo”.
Se inicia la Semana Mayor con la lectura de la Pasión de Jesús según Marcos, el lunes leemos, la narración del evangelista Juan sobre la visita de Jesús a la casa de Marta y María, Jesús anuncia su muerte y finalmente el miércoles se nos presenta el anuncio de la tradición de Judas en la última cena. El jueves es la Nueva Cena con la acción central del mensaje de Jesús al lavar los pies a sus seguidores, el hacerse siervo. El viernes nos encontramos con la narración de la Pasión según Juan que concluye el camino de Jesús en esta tierra con la subida de Jesús al Calvario, cumbre de la salvación.
 
Semana del 4 al 10 de Marzo 2018
Tercera  semana de Cuaresma
 
La tercera semana inicia con el Evangelio según Juan, donde narra la ira de Jesús por la situación deplorable del Templo, lleno de injusticia y negocios, en cambio de ser el lugar de oración y de justicia por excelencia. Jesús lo purificará con su muerte con una nueva era de la justicia.
 
Los evangelios de los siguientes días nos muestran el anuncio universal de Jesús, la inmensidad del perdón, la Ley como Palabra de Dios, la presencia del Reino de Dios, el mandamiento máximo del amor a Dios y por reflejo al prójimo, y la fuerza de la oración del humilde.
 
Domingo 4 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 2,13-25
 
El Templo de la época de Jesús era el Templo reconstruido por los grupos de israelitas que regresaron del exilio de Babilonia, y ampliado y embellecido por Herodes el grande, desde unos años antes del nacimiento de Jesús.
Esa estupenda construcción, que tanto impresionaba a los visitantes, no era solamente el lugar del culto a Yahveh, sino el centro del poder detentado por el Sanedrín y los sumos sacerdotes.
Era también el centro económico del pueblo de Israel, por estar autorizado por Roma el diezmo y contribuciones de los judíos dispersos por todo el mundo romano.
Parece ser que, el acto de Jesús de tumbar todos los bancos de cambios de monedas y ventas de animales para el sacrificio, no estaba dirigido a los pequeños comerciantes, sino como protesta al poder económico establecido en el templo, que desvirtuaba la Ley.
 
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados detrás de sus mesas. Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo junto con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el dinero por el suelo. A los que vendían palomas les dijo: «Saquen eso de aquí y no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado.»
Sus discípulos se acordaron de lo que dice la Escritura: «Me devora el celo por tu Casa.»
Los judíos intervinieron: «¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?» Jesús respondió: «Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días.» Ellos contestaron: «Han demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú piensas reconstruirlo en tres días?»
En realidad, Jesús hablaba de ese Templo que es su cuerpo. Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron tanto en la Escritura como en lo que Jesús dijo.
Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, y muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, pues los conocía a todos y no necesitaba pruebas sobre nadie, porque él conocía lo que había en la persona.
Pasos paralelos de los evangelios según: Mt 21,10-13. Mc 11,11.15-17. Lc 19,45-46.
 
Lunes 5 de Marzo de 2018
Evangelio según Lucas 4,24-30
 
En esta perícopa hay unos cuantos nombres: Elías el profeta del pueblo del tiempo de los reyes del Norte. Sarepta, una aldea del territorio de Sidón (ahora Líbano), tierra de paganos. El profeta Eliseo discípulos de Elías y el sirio Naamán de la región de Siria, eran los eternos rivales del pueblo de Israel. Finalmente Nazaret, la patria de Jesús, a seis Km. de Séforis, la capital reconstruida de Palestina, al tiempo de Jesús.
 
 Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria.En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y una gran hambre asoló a todo el país. Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»
Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.
 
Martes 6 de Marzo de 2018
Evangelio según Mateo 18,21-35
 
El perdonar siete veces ya se hacía en el Primer Testamento. El siete simboliza la plenitud humana, entonces un perdón total al hermano en cuanto ser creado. En cambio las ofensas a Dios no las pueden perdonar los hombres sino solamente Dios. El número setenta veces siete es la medida de Dios, una medida sin límite. 
 
Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.»
«Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.» El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda.
Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes.» El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.» Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda.
Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor. Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?» Y tanto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»
Pasos paralelos de los evangelios según: Lc: 17,3-4;23,34. Mt 6,12.
 
Miércoles 7 de Marzo de 2018
Evangelio según Mateo 5,17-19
 
Una coma de la Ley, en que se habla en este Evangelio, no es un signo gramatical sino representa la letra yod del idioma hebreo y simboliza la esencia de la misma Ley, y no un detalle insignificante de ella, como a menudo se explica.
 
No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para traer lo definitivo. En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice.
Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.
Paso paralelo del evangelio según: Lc: 16,17.
 
Jueves 8 de Marzo de 2018
Evangelio según Lucas 11,14-23
 
Las enfermedades como fiebres, tumores, peste, deficiencia física, sordera, se consideraban en general castigos del pecado, se concebían como una especie de posesión demoníaca.
“Beelzebul” significa movimiento capaz de una acción universal que puede hacer fluir, fuera de la voluntad de Dios, a toda la humanidad.
 
  Otro día Jesús estaba expulsando un demonio: se trataba de un hombre mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar y la gente quedó admirada. Pero algunos de ellos dijeron: «Este echa a los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios.» Y otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Una nación dividida corre a la ruina, y los partidos opuestos caen uno tras otro. Si Satanás también está dividido, ¿podrá mantenerse su reino? ¿Cómo se les ocurre decir que yo echo los demonios invocando a Belzebú? Si yo echo los demonios con la ayuda de Belzebú, los amigos de ustedes, ¿con ayuda de quién los echan? Ellos juzgarán lo que ustedes acaban de decir.
En cambio, si echo los demonios con el dedo de Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando el Fuerte, bien armado, guarda su casa, todas sus cosas están seguras; pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quitará las armas en que confiaba y distribuirá todo lo que tenía.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Pasos paralelos de los evangelios según: Mt 12,22-29. Mc: 3,22-27.
 
Viernes 9 de Marzo de 2018
Evangelio según Marcos 12,28-34
 
El maestro de la Ley, o escriba, era el experto de la Torah escrita y oral, con amplio conocimientos de todas las leyes y sus aplicaciones.
 El Reino de Dios significa reino de justicia y de paz, aquí en la tierra primero y, después en el Cielo, lugar de lo divino.
 
Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: « ¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»
El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»
Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.
Pasos paralelos de los evangelios: Mt 22,34-40.46. Lc 10,25-28; 20,40.
 
Sábado 10 de Marzo de 2018
Evangelio según Lucas 18,9-14
 
Nazaret es una aldea de Galilea, situada a 24 Km al suroeste de Tiberíades, actualmente en-Nāsira. Fue durante mucho tiempo una aldea insignificante.
Las excavaciones indican que su amplitud, en el primer siglo de nuestra era, no pasaba de cuatro cuadras. Pero su posición geográficas era privilegiada por estar a solo seis Km. de la capital de Palestina, Séforis, y dominar la llanura de Esdrelón.
 
Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás. «Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros, o como ese publicano...Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todas mis entradas.”
 Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado y el que se humilla será enaltecido.»
Paso paralelo del evangelio según: Mt: 6,1; 23-12.
 
 
Semana del 11 al 17 de Marzo 2018
Cuarta  semana de Cuaresma
 
La cuarta semana de cuaresma inicia presentándonos a Jesús el Cristo como el rescatador, a semejanza de la serpiente levantada en el desierto para salvar al pueblo.
Todos los evangelios de los siguientes siete días están tomados de Evangelios según Juan. En ellos se presenta a Jesús con autoridad para hacer milagros con sus palabras y sus gestos.
Jesús se presenta como Hijo de Dios, Hijo único, y afirma que quienes creen en él tendrán vida en plenitud. Pero ya empieza el acoso a su vida, de parte de las autoridades religiosas, que lo llevarán hasta la cruz.
 
Domingo 11 de Marzo de 2018
Evangelio de Juan 3,14-21
 
La mayoría de las especies conocidas con el nombre de serpiente, vivían entre las piedras y las rocas, o en la cálida arena del desierto, lo que llevó a decir que estás se alimentan de polvo. También podían vivir en los árboles o subirse a las paredes
 
Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna.
¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.
Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas.
Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.»
 
Lunes 112 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 4,43-54
 
Caná era una localidad de Galilea, aunque su localización es insegura. Generalmente es ubicada en Kefar Kanna, a 6 Km. al norte de Nazaret, pero probablemente su ubicación se da a 13,5 Km al norte de Nazaret en Hirbet Qana, cuyo entorno pantanoso justificaría su nombre cuyo significado es Caña.
 
Pasados los dos días, Jesús partió de allí para Galilea. El había afirmado que un profeta no es reconocido en su propia tierra; sin embargo los galileos lo recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la fiesta.
Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en Cafarnaúm que tenía un hijo enfermo. Al saber que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo, que se estaba muriendo.
Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen.» 49 El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir antes de que muera mi hijo.» 50 Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está vivo.»
50El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Al llegar a la bajada de los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba sano. Les preguntó a qué hora se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre.» El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo.» Y creyó él y toda su familia.
Esta es la segunda señal milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.
Pasos paralelos de los evangelios según: Mt 8,5-13.  Lc 7,1-10.
 
Martes 13 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 5,1-16
 
Betzatá es una piscina situada cerca de la puerta de las Ovejas, al norte del Templo de Jerusalén. Estaba rodeada de cuatro pórticos y dividida en dos, separada por un quinto pórtico, y alrededor había otras piscinas más pequeñas.
 
Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta cinco pórticos, y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.)
Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: « ¿Quieres sanar?» El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro.» Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.»  Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar.
9 Pero aquel día era sábado Por eso los judíos dijeron al que acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu camilla a cuestas.» El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y anda.» Le preguntaron: « ¿Quién es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?» Pero el enfermo no sabía quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la multitud reunida en aquel lugar.
Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor.» El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado.
 
Miércoles 14 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 5,17-30
 
La palabra padre en hebreo es abi e indica “padre mío” o abinú “padre nuestro”, pero unas pocas veces está escrita como ab indicando padre de generaciones o es indefinido.
En arameo la palabra es aba e indica padre sin especificación de género. Podemos decir que Dios es padre y madre, y además no “mío” o “nuestro”, como significación  hebrea, sino Padre de toda la creación.
 
Pero Jesús les respondió: «Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo.» Y los judíos tenían más ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.
Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. El Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas, que a ustedes los dejarán atónitos.
Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado.
En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida.
Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán. Así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. Y además le ha da do autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre.
No se asombren de esto; llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.
Yo no puedo hacer nada por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.
 
Jueves 15 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 5,31-47
 
En la justicia del mundo semita, se pide dos testimonios para dar validez a una declaración. Jesús dice que su testigo es el mismo Dios Padre, y lo demuestra con las obras que realiza, que no se dan por su humanidad sino por la presencia divina en Él: esta es una reflexión de la comunidad juánica, en seno de la cual nació el cuarto Evangelio.  
 
Si yo hago de testigo en mi favor, mi testimonio no tendrá valor. Pero Otro está dando testimonio de mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí.
Ustedes mandaron interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Yo les recuerdo esto para bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago recomendar por hombres. Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por un tiempo se sintieron a gusto con su luz. Pero yo tengo un testimonio que vale más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar.
36 Estas obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me ha enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su rostro; y tampoco tienen su palabra, pues no creen al que él ha enviado.
Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí. Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. Yo no busco la alabanza de los hombres. Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes, porque he ve nido en nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio nombre, a ése sí lo acogerán.
Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del Único Dios, ¿cómo podrán creer?
No piensen que seré yo quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien ustedes confían. Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él escribió de mí. Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les digo yo?»
 
Viernes 16 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 7,1-30
 
La cosecha es una de las faenas agrícolas más importantes: tenía lugar hacia septiembre-octubre, después de la vendimia. Se terminaba con la fiesta de las cosechas, que señalaba el comienzo del nuevo año, con una gran peregrinación a Jerusalén.
Esta peregrinación se hacía por la Fiesta de las Tiendas o de los Tabernáculos porque se vivía en cabañas, como memoria de los 40 años que moraron en el desierto.
Durante esta fiesta se ofrecían las primicias de todos los frutos de la tierra y de la cosecha también se tomaba el diezmo para el templo de Jerusalén, el extranjero, la viuda y los huérfanos.
 
Después de esto, Jesús iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos deseaban matarle.
Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de las Tiendas. Sus hermanos le dijeron: «No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras que realizas. Si uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a conocer al mundo.» Sus hermanos hablaban así porque no creían en él.
Jesús les contestó: «Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es bueno. El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras son malas. Suban ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado.»
Así habló Jesús y se quedó en Galilea. Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió él también, pero sin decirlo y como en secreto. Los judíos lo estaban buscando durante la fiesta y preguntaban: « ¿Dónde está ése?» Corrían muchos comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona.» Otros replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo.»
Pero nadie hablaba abiertamente de él por miedo a los judíos.
Hacia la mitad de la semana de la fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar. Los judíos, admirados, decían: « ¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?»
Jesús les contestó: «Mi doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado. El que haga la voluntad de Dios conocerá si mi doctrina viene de Él o si hablo por mi propia cuenta.
El que habla en nombre propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.»
«Moisés les dio la Ley, ¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren matarme?»
Le gritaron: «Eres víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?» Jesús les respondió: «Esta no es más que mi primera obra, y todos ustedes están desconcertados. Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso en día sábado. Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he salvado al hombre entero en día sábado? No juzguen por las apariencias, sino juzguen lo que es justo.»
Algunos habitantes de Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar? Pues ahí lo tienen hablando con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han reconocido que él es el Mesías?
Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús dijo en voz muy alta mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es el Verdadero, y ustedes no lo conocen. El es el que me ha enviado, y yo lo conozco porque vengo de él.»
Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora.
 
Sábado 17 de Abril de 2018
Evangelio según Juan 7,40-53
 
Existían en el Israel, en el tiempo de Jesús, dos creencias: la primera que el Mesías que vendría sería un profeta y escriba, la segunda que sería de la casa de David, o sea, de Belén.
En contraste con los fariseos, Jesús daba poca importancia a las letras de la ley, aunque la conociera en profundidad. El pueblo en general y los galileos en particular, eran considerados judíos de segunda clase por su ignorancia de las leyes. En una oportunidad se les llamó “malditos”, no conocedores de la Ley, por los escribas de Jerusalén (ver Jn 7,49).
 
Muchos de los que escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta.» Unos afirmaban: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: « ¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de David?» La gente, pues, estaba dividida a causa de Jesús. Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima.
Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los fariseos, les preguntaron: « ¿Por qué no lo han traído?» Los guardias contestaron: «Nunca hombre alguno ha hablado como éste.» Los fariseos les dijeron: « ¿También ustedes se han dejado engañar? ¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en él? Pero esa gente que no conoce la Ley, ¡son unos malditos!»
Les respondió Nicodemo, el que había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo: «¿Acaso nuestra ley permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha hecho?» Le contestaron: « ¿También tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se fue cada uno a su casa.
Paso paralelo del evangelio según: Mt: 11,34-56.
 
 
Semana del 18 al 24 Marzo 2018
Quinta semana de Cuaresma
 
Esta última semana de cuaresma es la preparación cercana a los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Las lecturas, de las perícopas evangélicas de estos días, están tomadas del Evangelio de Juan. El día domingo propone el tema general que es la glorificación de Jesús y la semilla como símbolo. Es la vida envuelta en su cascarón que necesita ser enterrada y morir (pudrirse) para revivir con copiosos frutos.
Los pasos evangélicos descubren el horizonte último de Jesús a través de dejarnos acompañar por las lecturas de los evangelios de la semana.
 
Los temas de lunes a sábado son:
1. Ha llegado la hora de Jesús.
2. Todo esto sucederá para que sea glorificado el hijo del hombre (el hombre por excelencia que es Jesús).
3. La verdad será  camino de  liberación.
4. El camino de liberación se hace palabra en Jesús que no permitirá la muerte definitiva.
5. Su muerte no será definitiva por ser Jesús uno sólo con el Padre.  
6. El Evangelio del sábado indica el final humano de la vida de Jesús dictada por los sacerdotes: “un solo hombre morirá para todo el pueblo”.
 
Domingo 18 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 12,20-33
 
El trigo es uno de los principales cereales de la antigua Palestina y su cultivo se pierde en la historia de la región.
Generalmente el trigo se molía hasta obtener harina ordinaria o flor de harina, que servía para hacer el pan. A veces se frotaban con fuerza las espigas para sacar los granos de trigo que se comían crudos o tostados.
 
También un cierto número de griegos, de los que adoran a Dios, habían subido a Jerusalén para la fiesta. Algunos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe habló con Andrés, y los dos fueron a decírselo a Jesús.
Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor.
Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto! Padre, ¡da gloria a tu Nombre!» Entonces se oyó una voz que venía del cielo: «Lo he glorificado y lo volveré a glorificar.»
Los que estaban allí y que escucharon la voz decían que había sido un trueno; otros decían: «Le ha hablado un ángel.» Entonces Jesús declaró: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré todo.»
Con estas palabras Jesús daba a entender de qué modo iba a morir.
 
Lunes 19 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 8,1-11
 
El adulterio designaba la mala conducta de la mujer casada, no importaba que el matrimonio hubiese sido consumado o no y las relaciones extras conyugales de un hombre con una mujer casada, pero no con una no casada, viuda o divorciada, ni con una concubina o esclava.
Solamente la mujer podía violar su matrimonio, mientras que para el hombre sólo se consideraba  adulterio cuando se violaba  el matrimonio de otro hombre.
 
Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos.2 Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles.
Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú, ¿qué dices?» Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo
6 Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra.» Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, señor.» Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.»
Pasos paralelos en el Evangelio: Lc 21,37-38; 7,37-50. Mt 7,1-5.
 
Martes 20 Marzo de 2018
Evangelio según Juan 8,21-30
 
En el mundo hebreo la morada de Dios era el cielo. El salmo 73,25 dice: “¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra”. Y así lo dice el apóstol Pablo en la segunda carta a los Corintios: 12,2 “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo”.
 
De nuevo Jesús les dijo: «Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y morirán en su pecado.» Los judíos se preguntaban: « ¿Por qué dice que a donde él va nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?»
Pero Jesús les dijo: «Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados.» Le preguntaron: «Pero ¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles. Tengo mucho que decir sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del que me ha enviado: él es veraz.»
Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del Padre. Y añadió: «Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado.
El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.» Los hijos de la verdad. Esto es lo que decía Jesús, y muchos creyeron en él.
 
Miércoles 21 Marzo 2018
Evangelios Juan 8,31-42
 
El término discípulo designa a aquel que recibe la enseñanza de un rabí, se aplica a aquellos que siguen a un maestro, o bien, a una doctrina.
Abraham fue el primero de los patriarcas, se le llamaba Abram (que significa: El padre es excelso) hasta que Dios le impuso el nombre de Abraham (cuyo significado es: El padre de multitudes).
 
Jesús decía a los judíos que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» Le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: “Ustedes serán libres”?»
Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme. 
Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.» Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abraham.» Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham, actuarían como Abraham. Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abraham. Ustedes actúan como hizo su padre.»
Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos de la prostitución, no tenemos más que un solo padre: Dios.» Jesús les replicó: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado.
Paso paralelo en el Evangelio: Mt 21,33-46.
 
Jueves 22 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 8,51-59
 
Abba es la forma de plegaria con la que Jesús y los primeros cristianos se dirigen a Dios. Proviene del lenguaje de los niños, equivalente a “papaito”, y expresa una relación íntima y única entre Dios y su hijo Jesús.
 
En verdad les digo: el que guarda mi palabra no probará la muerte jamás.» Los judíos replicaron: «Ahora sabemos que eres víctima de un mal espíritu. Abraham murió y también los profetas, ¿y tú dices: “Quien guarda mi palabra jamás probará la muerte”? ¿Eres tú más grande que nuestro padre Abraham, que murió, lo mismo que murieron los Profetas? ¿Quién te crees que eres?»
Jesús les contestó: «Si yo me doy gloria a mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el mismo que ustedes llaman «nuestro Dios». Ustedes no lo conocen, yo sí lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y guardo su palabra. En cuanto a Abraham, padre de ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó.».
Entonces los judíos le dijeron: « ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?» Contestó Jesús: «En verdad les digo que antes que Abraham existiera, Yo Soy.»
Entonces tomaron piedras para lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.
Paso paralelo en el Evangelio: Mt 37,17s.
 
Viernes 23 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 10,31-42
 
La blasfemia, según su significado es palabra que hiere. Se emplea para palabras de mal augurio, ultrajes contra particulares o contra los dioses.
 
Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. Jesús les dijo: «He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?» Los judíos respondieron: «No te apedreamos por algo hermoso que hayas hecho, sino por insultar a Dios; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.»
Jesús les contestó: « ¿No está escrito en su Ley: Yo he dicho que son dioses? No se puede cambiar la Escritura, y en ese lugar llama dioses a los que recibieron esta palabra de Dios. Y yo, que fui consagrado y enviado al mundo por el Padre, ¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios? Si yo no hago las obras del Padre, no me crean. Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Otra vez quisieron llevarlo preso, pero Jesús se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y se quedó allí. Mucha gente acudió a él, y decían: «Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él en aquel lugar.
Paso paralelo en el Evangelio: Lc 22 70-71.
 
Sábado 24 de Marzo de 2018
Evangelio según Juan 11,45-56
 
¿Jesús era profeta o no? Por su estilo, su lenguaje imaginativo y sus gestos simbólicos, aparecía a la muchedumbre como un profeta. El mismo, por otra parte, se coloca en la línea de los profetas.
Jesús anuncia la proximidad del Reino de Dios, pero dándole una nueva coloración, como una alegre oferta de salvación. Al mismo tiempo que es considerado profeta, es tenido como rabí, maestro, aquel que conoce las escrituras y argumenta a partir de ellas.
 
Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: « ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él, y luego intervendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.»
Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada. No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.»
Estas palabras de Caifás no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos.
Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo. Jesús ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus discípulos en una ciudad llamada Efraím.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: « ¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?»
 
 
25 la 31 de Marzo 2018
Semana Santa
 
Es la llamada Semana Mayor o Semana Santa.
En estos días se revive los acontecimientos centrales de la vida de todo cristiano: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Se inicia la acción litúrgica del día con el Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén, aclamado por el pueblo:
En el Domingo de Ramos se lee la Pasión según Marcos como presentación y síntesis de todos los acontecimientos de la semana.
 
Los otros seis días presentan a:
1. Jesús que necesita de sus amigos y va a Betania.
2. El martes es la lectura de la traición y de la afirmación del amor como esencia y signo del ser cristiano.
3. Jesús es vendido al precio de un esclavo.
4. El Jueves Santo en las palabras del Evangelio según Juan se coloca el Lavatorio de los pies a los discípulos como la centralidad del seguimiento de Jesús: sin servicio no hay vida cristiana.  
5. El Viernes Santo, con la lectura de la Pasión según Juan, se conmemora el signo supremo del amor de Jesús: su muerte.
6. El Sábado Santo es la vigilia e inicio del misterio de la Resurrección de Jesús.
 
Domingo 25 de Marzo de 2018
Domingo de Ramos
Evangelio según Marcos 14,1‒15,47
 
El anuncio de la pasión muerte y resurrección de Jesús representó la predicación carismática de los discípulos de Jesús, que ha llegado hasta nosotros en las cuatro tradiciones de los evangelios. La primera en el tiempo y la más breve es la del evangelista Marcos.
Gólgota, significa “lugar del cráneo” como símbolo de una muerte que no termina… Lugar de los muertos vivientes.
Situado fuera de la ciudad de Jerusalén en la época de Jesús y desde la época de Constantino, se localiza en el sitio en el que se levanta actualmente la Iglesia del Santo Sepulcro. El Gólgota y sus alrededores servían de cementerio.
 
Faltaban dos días para la Fiesta de Pascua y de los Panes Azimos. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban la manera de detener a Jesús con astucia para darle muerte, pero decían: «No durante la fiesta, para que no se alborote el pueblo.» Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el Leproso. Mientras estaban comiendo, entró una mujer con un frasco precioso como de mármol, lleno de un perfume muy caro, de nardo puro; quebró el cuello del frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos se indignaron y decían entre sí: « ¿Cómo pudo derrochar este perfume? Se podría haber vendido en más de trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres.» Y estaban enojados contra ella.
Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo es una obra buena. Siempre tienen a los pobres con ustedes y en cualquier momento podrán ayudarlos, pero a mí no me tendrán siempre. Esta mujer ha hecho lo que tenía que hacer, pues de antemano ha ungido mi cuerpo para la sepultura. En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto y será su gloria.»
Entonces Judas Iscariote, uno de los Doce, fue donde los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús. Se felicitaron por el asunto y prometieron darle dinero. Y Judas comenzó a buscar el momento oportuno para entregarlo.
El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: « ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua?»
Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros.» Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Al atardecer llegó Jesús con los Doce. Y mientras estaban a la mesa comiendo, les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar, uno que comparte mi pan.» Ellos se entristecieron mucho al oírle, y empezaron a preguntarle uno a uno: « ¿Seré yo?»
El les respondió: «Es uno de los Doce, uno que moja su pan en el plato conmigo. El Hijo del Hombre se va, conforme dijeron de él las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! Sería mucho mejor para él no haber nacido.»
Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo.» Tomó luego una copa, y después de dar gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por muchos. En verdad les digo que no volveré a probar el fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos. Y Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche, pues dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea.»
Entonces Pedro le dijo: «Aunque todos tropiecen y caigan, yo no.» Jesús le contestó: «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me habrás negado tres veces.» Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.» Y todos decían lo mismo.
Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy a orar.» Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, y les dijo: «Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos.»
Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora. Decía: «Abbá, o sea, Padre, para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»
Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? 3Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne es débil.» Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras. Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle.
Vino por tercera vez, y les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vámonos!; ya viene el que me va a entregar.»
Jesús estaba aún hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los jefes judíos. El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado.»
Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús y le dijo: « ¡Maestro, Maestro!» Y lo besó. Ellos entonces lo tomaron y se lo llevaron arrestado. En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja.
Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan a un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos.
¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen que cumplirse las Escrituras.» Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y huyeron.
 
Un joven seguía a Jesús envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron; pero él, soltando la sábana, huyó desnudo.
Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí. Estaban los jefes de los sacerdotes, las autoridades judías y los maestros de la Ley. Pedro lo había seguido de lejos hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del Templo, calentándose al fuego.
Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban. Varios se presentaron con falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían. Algunos lanzaron esta falsa acusación:
«Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días construiré otro no hecho por hombres.» Pero tampoco con estos testimonios estaban de acuerdo.
Entonces el Sumo Sacerdote se levantó, pasó adelante y preguntó a Jesús: « ¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que te acusan?» Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó: « ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?».  Jesús respondió: «Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo.»
El Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras horrorizado y dijo: « ¿Para qué queremos ya testigos? Ustedes acaban de oír sus palabras blasfemas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la pena de muerte.
Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le golpeaban antes de decirle: « ¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo lo abofeteaban.
Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote. Al verlo cerca del fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret.» El lo negó: «No lo conozco, ni entiendo de qué hablas.» Y salió al portal.
Pero lo vio la sirvienta y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos.» Y Pedro lo volvió a negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo.» Entonces se puso a maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan.»
En ese momento se escuchó el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.
Muy temprano, los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la Ley (es decir, todo el Consejo o Sanedrín) celebraron consejo. Después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó: « ¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús respondió: «Así es, como tú lo dices.» Como los jefes de los sacerdotes acusaban a Jesús de muchas cosas, Pilato volvió a preguntarle: « ¿No contestas nada? ¡Mira de cuántas cosas te acusan!» Pero Jesús ya no le respondió, de manera que Pilato no sabía qué pensar.
 
Cada año, con ocasión de la Pascua, Pilato solía dejar en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había uno, llamado Barrabás, que había sido encarcelado con otros revoltosos por haber cometido un asesinato en un motín. Cuando el pueblo subió y empezó a pedir la gracia como de costumbre, Pilato les preguntó: « ¿Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?» Pues Pilato veía que los jefes de los sacerdotes le entregaban a Jesús por una cuestión de rivalidad. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que pidiera la libertad de Barrabás. Pilato les dijo: « ¿Qué voy a hacer con el que ustedes llaman rey de los judíos?» 13 La gente gritó: « ¡Crucifícalo!» Pilato les preguntó: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Y gritaron con más fuerza: « ¡Crucifícalo!»
Pilato quiso dar satisfacción al pueblo: dejó, pues, en libertad a Barrabás y sentenció a muerte a Jesús. Lo hizo azotar, y después lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados lo llevaron al pretorio, que es el patio interior, y llamaron a todos sus compañeros. Lo vistieron con una capa roja y le colocaron en la cabeza una corona que trenzaron con espinas. Después comenzaron a saludarlo: « ¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y se arrodillaban ante él para rendirle homenaje.
Después de haberse burlado de él, le quitaron la capa roja y le pusieron de nuevo sus ropas.
20 Los soldados sacaron a Jesús fuera para crucificarlo. En ese momento, un tal Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, volvía del campo, y los soldados le obligaron a que llevara la cruz de Jesús.
Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, o Calvario, palabra que significa «calavera». Después de ofrecerle vino mezclado con mirra, que él no quiso tomar, lo crucificaron y se repartieron sus ropas, sorteándolas entre ellos.
 
Eran como las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. Pusieron una inscripción con el motivo de su condena, que decía: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él también a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado entre los malhechores.
Los que pasaban lo insultaban y decían moviendo la cabeza: «Tú, que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz.»
Igualmente los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se burlaban de él, y decían entre sí: «Salvaba a otros, pues se salvará a sí mismo. Que ese Mesías, ese rey de Israel, baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos.» Incluso lo insultaban los que estaban crucificados con él.
Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde, y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo, algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías.» Uno de ellos corrió a mojar una esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber, diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo.» Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al mismo tiempo el capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.»
Había unas mujeres que miraban de lejos, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. Cuan do Jesús estaba en Galilea, ellas lo seguían y lo servían. Con ellas estaban también otras más que habían subido con Jesús a Jerusalén.
Había caído la tarde. Como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, intervino José de Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo supremo era de los que esperaban el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que Jesús hubiera muerto tan pronto y llamó al centurión para saber si realmente era así. Después de escuchar al centurión, Pilato entregó a José el cuerpo de Jesús.
José lo bajó de la cruz y lo envolvió en una sábana que había comprado, lo colocó en un sepulcro excavado en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba. María Magdalena y María, la madre de José, estaban allí observando dónde lo depositaban.
Pasos paralelos de los Evangelios  de la pasión y muerte de Jesús: Mt 26,1‒15,17. Mc 14,1‒15,17. Lc 22,1‒23,56. Jn 18,1‒19,42. Paso paralelo de la cena del Señor: 1Cor 11,17-27.
 
Lunes 26 de Marzo de 2018
Lunes Santo
Evangelio según Juan 12,1-11
 
El perfume se usaba en numerosas circunstancias: Comidas, placeres de la vida, cuidado corporal de las mujeres, bodas, ritos funerarios, vida cultual.
El perfume interviene en el ritual de las expiaciones, en el caso de luto, no se utiliza perfume, aunque sí aromas para embalsamar o ungir al cadáver.
 
Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados. María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume.
Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: «Ese perfume se podría haber vendido en trescientos denarios para ayudar a los pobres.»
En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella.
Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.»
Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro, pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.
Pasos paralelos de los evangelios según: Mt 26,6-13. Mc 14,3-9.
 
Martes 27 de Marzo de 2018
Martes Santo
Evangelio según Juan 13,21-38
 
Judas Iscariote, él que entregó Jesús al Sanedrín. Era uno de los doce seguidores más cercanos a Jesús, posiblemente hombre de Kariot (Iscariote), una ciudad de Judá.
 
Tras decir estas cosas, Jesús se conmovió en su espíritu y dijo con toda claridad: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar.» Los discípulos se miraron unos a otros, pues no sabían a quién se refería. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado a su lado en la mesa, y Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara de quién hablaba.
Se volvió hacia Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?» Jesús le contestó: «Voy a mojar un pedazo de pan en el plato. Aquél al cual se lo dé, ése es.» 26 Jesús mojó un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. Apenas Judas tomó el pedazo de pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»
Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué Jesús se lo decía.
Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta...», o bien: «da algo a los pobres.» Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando Judas salió, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto.
Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir.
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros.»
Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿adónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde.» Pedro le dijo: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti.» Jesús le respondió: « ¿Dar tú la vida por mí? En verdad te digo que antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces.»
Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 26,21-25. Mc 14,18-21.  Lc 22,21-23.
 
Miércoles 28 de Abril de 2018
Miércoles Santo
Evangelio según Mateo 26,14-25
 
Una moneda de plata, o denario, era el salario de un día y 30  monedas eran el precio de un esclavo. El pan sin levadura era el pan para el viaje porque no se corrompía. Fue el mismo alimento que comieron los israelitas a su salida de la tierra de Egipto.
Se preparaba en la tarde el cordero pascual y la fiesta se efectuaba en la noche. En tal ocasión se mezclaba vino con agua.
 
Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes y les dijo: « ¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: « ¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.»
Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar.» Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: « ¿Seré yo, Señor?»
El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato.
El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: « ¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»
Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 14,10-21. Lc 22,3-13; 21-23. Jn 13,21-30.
 
Jueves29 de Abril de 2018
Jueves Santo
Evangelio según Juan 13,1-15
 
Lavar los pies constituía un deber elemental de hospitalidad, en un país en que los viajeros andaban descalzos o calzados con sandalias y terminaban cubiertos con polvo.
Los sacerdotes israelitas debían lavarse las manos y los pies antes de ejercer sus funciones. El lavatorio lo hacía un esclavo, las prescripciones rabínicas lo reservaban a esclavos no judíos. Había discípulos que prestaban este servicio a su maestro o rabino en señal de devoción.
 
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. 5 Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: « ¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» Jesús le contestó: «Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde.» Pedro replicó: «Jamás me lavarás los pies.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo.» Entonces Pedro le dijo: «Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «El que se ha bañado está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.» Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos ustedes están limpios.»
Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: « ¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo.
 
Viernes 30 de Marzo de 2018
Viernes Santo
Evangelio según Juan 18,1‒19,42
 
La crucifixión es de origen persa y era un castigo que practicaban los pueblos bárbaros. Los griegos conocían y hacían este uso como castigo de crímenes contra el Estado.
Para los romanos era la pena más cruel y vergonzosa, se infligía a los esclavos libres que no eran romanos para castigar el homicidio, el robo, la traición y la rebelión.
La crucifixión iba precedida de la flagelación, del acarreo de la cruz a hombros del condenado y al despojo de las vestiduras.
 
Cuando terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y Jesús entró en él con sus discípulos.
Judas, el que lo entregaba, conocía también ese lugar, pues Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y armas.
Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: « ¿A quién buscan?» Contestaron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús dijo: «Yo soy.» Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos.
Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. Les preguntó de nuevo: « ¿A quién buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús les respondió: «Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan.» Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste.»
Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha.
Jesús dijo a Pedro: «Coloca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?»
Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, mientras que Pedro se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. La muchacha que hacía de portera dijo a Pedro: « ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre.» Pedro le respondió: «No lo soy».
Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se calentaba.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: «Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho.»
Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» Jesús le dijo: «Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?»
Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.
Simón Pedro estaba calentándose al fuego en el patio, y le dijeron: «Seguramente tú también eres uno de sus discípulos.» El lo negó diciendo: «No lo soy.» Entonces uno de los servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con él en el huerto?» De nuevo Pedro lo negó y al instante cantó un gallo.
Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para no quedar impuros, pues ése era un lugar pagano, y querían participar en la comida de la Pascua. Entonces Pilato salió fuera, don de estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?»
Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no lo habríamos traído ante ti.» Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley.» Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para aplicar la pena de muerte.»
Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir.
Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» Pilato respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.»
Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.» Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?»
38 Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero. ¿Quieren ustedes que ponga en libertad al Rey de los Judíos?» Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a Barrabás.» Barrabás era un bandido.
Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado. Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura  y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cara.
Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.» Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.»
Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.» Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.»
Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?» Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.»
Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César: el que se proclama rey se rebela contra el César.» Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.» Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.» Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús.
Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.» Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además estaba escrito en hebreo, latín y griego. Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: “Rey de los Judíos”, sino: “Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”.» Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.»
Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.
Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios.
Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. 3Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús, y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo.
También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe.
 
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos.
En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no había sido enterrado nadie. Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.
Pasos paralelos de los Evangelios  de la pasión y muerte de Jesús: Mt26,1‒15,17. Mc 14,1‒15,17. Lc22,1‒23,56. Jn 18,1‒19,42.
 
Sábado 31 de Marzo de 2018
Sábado Santo: Vigilia Pascual
Evangelio según Marcos 16,1-7
 
Los sepulcros judíos estaban cavados en la roca y eran múltiples, cada excavación comprendía unas tumbas.
Dice el Evangelio que estaba cerca del lugar donde fue crucificado Jesús, el Calvario, en las afueras, a corta distancia de del centro de Jerusalén de los tiempos de Jesús.
En el lugar indicado por la tradición, se levanta un Templo que comprende la roca del Calvario y la tumba donde colocaron a Jesús.
 
Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo. Y muy temprano, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Se decían unas a otras: « ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?» Pero cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada a un lado, a pesar de ser una piedra muy grande.
Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron. Pero él les dijo: «No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron. Ahora vayan a decir a los discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea. Allí lo verán, tal como él les dijo.»
Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 28,1-8. Lc 24,1-10. Jn 20,1-10.
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