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Comentario a Is. 11,1-10

ISAIAS

El libro de Isaías es considerado el más importante de los libros proféticos y no es para menos, tiene 66 capítulos y abarca unos cientos de años de la historia de Israel. Lo que muchos no saben es que no se trata de un solo autor, sino que el texto está dividido en tres partes y su autoría corresponde a tres personas o grupos diferentes. La mayoría de los autores lo dividen en: Proto-Isaías (1-39), Deutero-Isaías (40-50) y Trito-Isaías.

La primera parte (cap.1-39) muestra el ministerio profético de Isaías por casi medio siglo, desde fines del gobierno de Azarías, hasta Manasés. Isaías fue un firme opositor a la política de alianza de los reyes de Judá con los imperios extranjeros y llamó a confiar en la Alianza con Yahve.

En forma poética va mostrando su angustia en un momento en que el pueblo de Israel había perdido su propia identidad; de modo que trata de despertar la fe y fortalecer la esperanza en un pueblo sin horizontes que se ha desviado hacia una religión exterior con poco compromiso. El profeta sin embargo, proclamará la esperanza mesiánica y el profundo amor  de Dios por su pueblo.

La segunda parte (cap.40-55) conocida como Libro de la consolación no menciona al profeta ni una vez. El escenario de estos capítulos supone que Jerusalén ha sido asolada, y el pueblo judío está cautivo en Babilonia, siendo Ciro rey de Persia, cuya empresa causará la liberación de los judíos. El estilo del texto es más oratorio y hasta repetitivo, con una mayor elaboración. Es probable que estos capítulos sean obra de un autor/a anónimo al final del destierro, después de 560 a.C.

La tercera y última parte (cap. 56-66) obedece a la época persa, cuando los repatriados regresan para reconstruir su ciudad y su vida, encontrándose con luchas fratricidas de poder, en las que tienen la hegemonía los grupos sacerdotales que, paulatinamente caminan hacia una hierocracia. El profeta se dirige a su pueblo ya instalado en suelo de Israel, cuya teocracia emergente siente que debe purificar la infidelidad a Yahve, dándose grandes desajustes sociales.

Alza su voz, con un dejo de amargura, en tono casi prosaico, contra la incredulidad que se extiende. Afloraron los antiguos extravíos y el oprobio de los débiles por los dirigentes. A la vez, renacieron las prácticas paganas y, Jerusalém es una ciudad de abandono y ruina que vive bajo las incursiones enemigas y el despojo de cosechas y del trabajo.

Es a esta última época que corresponde la redacción final del texto, tal y como los tenemos en nuestras Biblias.

En este marco queremos referirnos a Is 11,1-10

Comentario de Isaías 11,1-10

El consolador texto de Isaías 11,1-10 proyecta a un futuro de justicia, cuando se “constituirá un nuevo vástago del tronco de Jesé, un retoño de sus raíces” (Is 11,1). Será un tiempo del Espíritu de YHVH simbolizado por el ceñidor de la “vida”, para que la tierra se llene de conocimientos y, finalmente, la raíz de Jesé se alce victoriosa para convertirse en ejemplo de las naciones.

Resaltan los símbolos cósmicos por un lado, los cuatro vientos convergen y el mar en plenitud; por el otro, los símbolos vegetales y animales. Renace una sociedad humana ideal regida por un gobernante justo. Los animales se reconcilian con el ser humano, éstos entre sí y, con Dios. Este vástago, que tiene una connotación mesiánica se yergue como el centro de los cuatro puntos cardinales resumiendo el aliento del Señor en plenitud.

La visión de Isaías 11,1-10, está precedida en su contexto inmediato por los versos 28-34 del capítulo 10, que relatan la destrucción de Israel, Reino del Norte y de Judá, Reino del Sur, a mano del ejército Asirio que ha llegado hasta Guibeá de Saul, a las puertas de Jerusalem.    Isaías 10,20-34 habla del tronco de Jesé, símbolo de un pueblo aniquilado por Asiria que llegó triunfante desde el norte, sembrado el terror en las ciudades de Samaria y de Judá, hasta provocar un gran temor a los habitantes de Jerusalem. Isaías describe la situación con la metáfora de la tala de los cedros del Líbano.

Y, a ese texto se contraponen los versos 11-26 del capítulo 11 que narran el regreso de los israelitas de Mesopotamia, Egipto y las naciones cercanas; es la vuelta de los desterrados. Aquel día la raíz de Jesé se mostrará a las naciones enseñando la victoria de la misericordia de YHVH con su pueblo, describiendo el regreso del resto de Israel a semejanza del Éxodo. Un retorno desde el norte (Asiria) y desde el Sur (Egipto). A su regreso los hijos de Efraim ya no envidiarán a los hijos de Judá y los hijos de Judá no oprimirán a Efraim.

El contexto histórico de nuestra lectura (Is 11,1-10) corresponde al post-exilio en un momento muy difícil, que nos recuerda el poder del sacerdocio sadocita y la aplicación rigurosa e interesada de la ley a favor del grupo dominante. El poder teocrático había anulado la esperanza que albergaban los judíos a su regreso del exilio de Babilonia. Entonces nuevos profetas apocalípticos habían surgido no ya para estigmatizar a los  poderes sagrados de Judá, cosa imposible, sino para ofrecer un futuro de esperanza, no definida ni inmediata, que representaron como un retoño del rey David, desde el tronco sin vida de Judaísmo. importante

El texto (Is 11,1-10) se puede estructurar en forma concéntrica1 de esta manera:

Is11 1Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, un tallo brotará de sus raíces.

A 2 Reposará sobre él el espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Yahveh.

B 3 Se complacerá en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, no decidirá de oídas.4 Juzgará con justicia a los míseros, sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al violento con la vara de su boca, matará al impío con el aliento de sus labios.

C 5 Será la justicia ceñidor de su cintura y la fidelidad ceñidor de sus caderas.

B’ 6 Morará el lobo con el cordero, el leopardo con el cabrito se echará; el ternero y el cachorro del león pacerán juntos; un niño pequeño los conducirá. 7 La vaca pastará con la osa, juntas se echarán sus crías; el león, como el buey, comerá paja. 8 El lactante jugará en la hura de la víbora, en la madriguera del áspid meterá su mano el recién destetado.

A’ 9 Nadie hará mal, nadie hará daño en toda mi santa montaña, porque el país estará lleno del conocimiento de Yahveh, como las aguas colman el mar. (Isa 11:1-9 CAB).

El verso uno ofrece un nuevo retoño no semejante al anuncio de Isaías 7,10s y 9,1s donde se habla de una realidad presente, sino de un futuro indefinido.
En los versículos 2-4 se describe la presencia del Espíritu de YHVH que Isaías divide en tres dones binarios, al estilo semita, de allí que sean seis y no siete como presupone la versión de los LXX y la Vulgata, que suma un septenario al agregar el don de la piedad.

El espíritu no es otro don, sino la fuerte de todos ellos y su consecuencia  es un reinado de paz y justicia de la era mesiánica, fruto de la rectitud de conciencia de los habitantes de los últimos tiempos, donde se da la armonía total de la creación, descrita en bellas imágenes, fruto de la acción dinámica del espíritu y donde la tensión escatológica es manifiesta. El Espíritu de YHVH actúa como ruaj, como viento que remueve y recrea la vida.

Es la ruaj que envuelve la cintura, sede de la vida, que procurará los elementos necesarios para los conocimientos para el caminar del nuevo Adam. La palabra cintura אָז֣וּר aparece siete veces en todo el texto hebreo significando totalidad, perfección humana y, en este verso se repite dos veces sugiriendo vida en su plenitud y presentándose como palabra clave, centro de nuestra lectura.

Es interesante destacar la palabra ceñidor, ezor en hebreo, el cual, era un vestido interior que ceñía los lomos y podía bajar hasta la cintura, sirviendo de bolso. A veces se parecía a un cinturón (cf. Ez 23,15), podía ser piel (cf. Gn 3,11; 2Re 1,8); se quitaba al acostarse (cf. Is 5,27). Cuando Tobías emprendió el viaje a Rages encontró al ángel ceñido (Tob 5,5).Por su parte, la palabra cinturón, en hebreo jagor, a veces también se le menciona como ezor, en el sentido del ceñidor de Juan Bautista; sujetaba al ceñidor y la camisa o la túnica, más no el manto (Ex 12,11).

Soltar el cinturón de alguien, equivalía a dejarlo sin fuerzas (cf. Job 12,18). Es también el símbolo de la libertad perdida (cf. Hch 21,11) y sobre todo, el vínculo de  YHVH  con su pueblo (cf. Jr 13,1-11).

Continúan los versículos 6-8 que representan el cambio que se ha producido en la esencia del ser humano y sus relaciones entre sí. Así que el conocimiento adquirido, explicitado en el verso nueve, será él que sustentará el monte de una alianza renovada a sostén del pueblo oprimido, por adquirir una renovada sabiduría humana.
Cierra la lectura el verso diez que retoma el inicio, con un nuevo retoño del tronco sin vida del pueblo de Judá, como enseña, como emblema para todos los pueblos.
El capítulo 11 de Isaías muestra así, dos oráculos de consolación (11,1-9; 10-16) unidos por la referencia al tronco de Jesé, padre de David, lo que establece una conexión entre ambos, a la vez que una separación entre la antigua y nueva monarquía.

Es un texto donde Isaías continúa  describiendo los tiempos futuros y mesiánicos, resaltando las cualidades que acompañaran al Mesías y, que se asemeja a Is 9,1-8 por la presencia del espíritu del Señor que se posa sobre un descendiente de David con los dones necesarios para reinar, juzgar y gobernar con justicia; una justicia que siendo fiel a Dios, es más poderosa que una espada para doblegar la injusticia y la impiedad.

Lo más característico del oráculo es la dinámica que se imprime al futuro Mesías, en posesión del Espíritu de Yahve. Recordemos que el retoño de Jesé era Ajab, quien tendría que haberse convertido en el príncipe ideal de los tiempos mesiánicos y no fue así.

De allí que el profeta resalte que lo más importante no son los dones sino, su posesión en una persona llamada a una misión porque, los frutos del espíritu no son perfecciones humanas, sino cualidades desarrolladas para el bien comunitario.

Algo para pensar

La humanidad, en sus macros desarrollos tecnológicos de la actualidad conducidos por los imperialismos globales del mercado, de la información y de la sumisión a ideologías de grupos de poder y de religiones fanáticas, obstaculizan los caminos de libertad que son los únicos capaces de abrir esperanzas para ser y para recrearse a sí mismos y renovar la sociedad.

También en Venezuela estamos viviendo momentos de indefinición, contrastes y bloqueos que oscurecen los caminos de vida y muestran un futuro incierto.
Necesitamos de profetas que con su ejemplo y conocimientos sean capaces de trazar nuevos horizontes y esperanzas de nuevos retoños de vida. Cada persona, cada cristiano, a ejemplo de Jesús, puede y debe transformarse en Buena Noticia, nuevos evangelios para las personas atrapadas y marginadas.

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