29 de marzo al 4 de abril 2020
5 al 11 de abril 2020
12 al 18 de abril 2020
Del 19 al 25 de abril 2020
Del 26 de abril a 2 de mayo 2020
29 de marzo al 4 de abril 2020

LOS EVANGELIOS DE ABRIL

 

Las lecturas de los evangelios según Juan de esta quinta semana de cuaresma nos preparan a la celebración de los días santos

La aclamación con palmeras a imitación de los judíos de Jerusalem, es para proclamar que algo extraordinario está pasando, es el inicio de los días que llevarán al inicio de los acontecimientos de la Cena del compartir y de la muerte y resurrección de Jesús. Es el estallido de la presencia viva del Resucitado en el Tiempo Pascual, nos sumergen en la Nueva Alianza del Dios de la Vida en contra de la injusticia humana, en todos sus aspectos.

 

Estos son los temas por semanas:

La última semana de cuaresma nos lleva de la mano para reflexionar sobre la vida y la entrega de Jesús para la salvación de la humanidad.

 

Se inicia la Semana Mayor con la lectura de la Pasión de Jesús según Marcos. El lunes leemos, la narración del evangelista Juan sobre la visita de Jesús a la casa de Marta y María, en la lectura del martes Jesús anuncia su muerte y finalmente el miércoles se nos presenta el anuncio de la tradición de Judas en la última cena. El jueves celebramos la última cena de Jesús, es el inicio de una Nueva Cena como memoria suya. Es la acción central del mensaje de amor de Jesús al lavar los pies a sus seguidores, al hacerse siervo. El viernes nos encontramos con la narración de la Pasión según Juan que concluye el camino de Jesús en esta tierra con la subida de Cristo Jesús al Calvario, cumbre de la salvación.

 

La primera semana de Pascual está marcada por las apariciones de Jesús: a las mujeres, a los discípulos de Emaús, a los apóstoles, a los discípulos a la orilla del lago de Tiberíades y el sábado a María Magdalena según narra el evangelista Marcos. 

Los evangelios de la segunda semana de Pascua inician con la aparición a los apóstoles, sin el apóstol Tomás. En los demás días de la semana se nos ofrece selecciones de evangelios que realzan a Jesús como maestro y sanador.


 

29 de marzo al 4 de abril 2020

Quinta semana de Cuaresma

Esta última semana de cuaresma es una preparación cercana a los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Las lecturas de las perícopas evangélicas están tomadas del Evangelio según Juan. El día domingo se narra la resurrección de Lázaro y el encuentro con las amigas Marta y María, hermana de Lázaro.

 Los días siguientes presentan el horizonte último de Jesús, su muerte en la cruz y su resurrección. Caminaremos hacia los últimos acontecimientos dejándonos acompañar por las lecturas de los evangelios de la semana.

Los temas de lunes a sábado son:

  1. La mujer adúltera perdonada por Jesús.
  2. Ha llegado la hora de Jesús.
  3. La preparación de la Cena Pascual.
  4. Los hijos de Abraham.
  5. La Palabra de Jesús es semilla de Vida Eterna.
  6. El Evangelio del sábado indica el final humano de la vida de Jesús dictada por los sacerdotes: “un solo hombre morirá para todo el pueblo”.

 

Domingo 29 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 11,1-45

 

El amor de Jesús de amistad hacia otra persona lo demostró exclusivamente con Lázaro: Pero serán las hermanas María y Martas que dirán “El que te ama” refiriéndose a su hermano:Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: Señor, el que tú amas está enfermo” (11,3). Y en 11,11 Jesús lo llama “nuestro amigo Lázaro está enfermo”. La palabra griega fi,loj (amigo) indica una amistad humana, racional y/o de cercanía.   

 

Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. Esta María era la misma que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el enfermo.

Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas está enfermo.» Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella.»

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.

Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba. Sólo después dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.» Le replicaron: «Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y tú quieres volver allá?» Jesús les contestó: «No tiene doce horas la jornada. El que camina de día no tropezará, porque ve la luz de este mundo; pero el que camina de noche tropezará porque no posee la luz.»

Después les dijo: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido y voy a despertarlo.»

Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, recuperará la salud.» En realidad Jesús quería decirles que Lázaro estaba muerto, pero los discípulos entendieron que se trataba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto, pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allí, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo.»

Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania está a unos tres kilómetros de Jerusalén, y muchos ju díos habían ido a la casa de Marta y de María para consolarlas por la muerte de su hermano.

Apenas Marta supo que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa. Marta dijo a Jesús: «Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aun así, yo sé que puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te la concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta respondió: «Ya sé que será resucitado en la resurrección de los muertos, en el último día.» Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá.

El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella contestó: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Después Marta fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está aquí y te llama.» Apenas lo oyó, María se levantó rápidamente y fue a donde él. Jesús no había entrado aún en el pueblo, sino que seguía en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado.

Los judíos que estaban con María en la casa consolándola, al ver que se levantaba aprisa y salía, pensaron que iba a llorar al sepulcro y la siguieron. Al llegar María a donde estaba Jesús, en cuanto lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» Al ver Jesús el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. Y preguntó: «¿Dónde lo han puesto?» Le contestaron: «Señor, ven a ver.» Y Jesús lloró.

Los judíos decían: «¡Miren cómo lo amaba!» Pero algunos dijeron: «Si pudo abrir los ojos al ciego, ¿no podía haber hecho algo para que éste no muriera?» Jesús, conmovido de nuevo en su interior, se acercó al sepulcro. Era una cueva cerrada con una piedra. Jesús ordenó: «Quiten la piedra.» Marta, hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya tiene mal olor, pues lleva cuatro días.» Jesús le respondió: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Y quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado.

Yo sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has enviado.»

Al decir esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!» Y salió el muerto. Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo y déjenlo caminar.»

Los jefes judíos deciden la muerte de Jesús. Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.

 

Lunes 30 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 8,1-11

 

El Monte de los Olivos, es un monte situado al este de Jerusalén, al otro lado del Valle del Cedrón, entre el monte Escopo al norte y el monte del Escándalo al sur.

El adulterio designaba la mala conducta de la mujer casada o del hombre, no importaba que el matrimonio hubiese sido consumado o no, y las relaciones extra conyugales de un hombre con una mujer casada, pero no con una no casada, viuda o divorciada, ni con una concubina o esclava.

 

Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos. Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles.

Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú, ¿qué dices?» Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo.

Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra.» Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, señor.» Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Lc 21,37-50. Mt 7,1-5

 

Martes 31 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 8,21-30

 

En el mundo hebreo la morada de Dios era el cielo. El salmo 73,25 dice: “¿A quién tengo yo en los cielos, sino a Ti? Y fuera de Ti, nada deseo en la tierra”. Y así lo dice el apóstol Pablo en la segunda carta a los Corintios: 12:2 “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el Tercer Cielo”.

De nuevo Jesús les dijo: «Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y morirán en su pecado.» Los judíos se preguntaban: «¿Por qué dice que a donde él va nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?»

Pero Jesús les dijo: «Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados.» Le preguntaron: «Pero ¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles. Tengo mucho que decir sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del que me ha enviado: él es veraz.»

Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del Padre. Y añadió: «Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado.

El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.»

Esto es lo que decía Jesús, y muchos creyeron en él.

 

Miércoles 1 de abril de 2020

Evangelios Juan 8,31-42

 

El término discípulo designa a aquel que recibe la enseñanza de un rabí, se aplica a aquellos que siguen a un maestro, o bien, a una doctrina.

Abraham fue el primero de los patriarcas, se le llamaba Abram (que significa: El padre es excelso) hasta que Dios le impuso el nombre de Abraham (cuyo significado es: El padre de multitudes).

 

Jesús decía a los judíos que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» Le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: “Ustedes serán libres”?»

Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme. 

Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.» Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abraham.» Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham, actuarían como Abraham. Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abraham. Ustedes actúan como hizo su padre.»

Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos de la prostitución, no tenemos más que un solo padre: Dios.» Jesús les replicó: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado.

 

Jueves 2 de abril de 2020

Evangelio según Juan 8,51-59

 

Abba es la forma de plegaria con la que Jesús y los primeros cristianos se dirigen a Dios. Proviene del lenguaje de los niños, equivalente a “papaito”, y expresa una relación íntima y única entre Dios y su hijo Jesús.

En verdad les digo: el que guarda mi palabra no probará la muerte jamás.» Los judíos replicaron: «Ahora sabemos que eres víctima de un mal espíritu. Abraham murió y también los profetas, ¿y tú dices: “Quien guarda mi palabra jamás probará la muerte”? ¿Eres tú más grande que nuestro padre Abraham, que murió, lo mismo que murieron los Profetas? ¿Quién te crees que eres?»

Jesús les contestó: «Si yo me doy gloria a mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el mismo que ustedes llaman «nuestro Dios». Ustedes no lo conocen, yo sí lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y guardo su palabra. En cuanto a Abraham, padre de ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó.».

Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?» Contestó Jesús: «En verdad les digo que antes que Abraham existiera, Yo Soy.» Entonces tomaron piedras para lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

 

Viernes 3 de abril de 2020

Evangelio según Juan 10,31-42

 

Blasfemia significa palabra que hiere. Se emplea como término de mal augurio, ultrajes contra particulares o contra los dioses. Todo humano es hijo de Dios por ser creado por Él, Padre Creador, en una acción conjunto de Dios uno y múltiple.

 

Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. Jesús les dijo: «He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»

Los judíos respondieron: «No te apedreamos por algo hermoso que hayas hecho, sino por insultar a Dios; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.»

Jesús les contestó: «¿No está escrito en su Ley: Yo he dicho que son dioses? No se puede cambiar la Escritura, y en ese lugar llama dioses a los que recibieron esta palabra de Dios. Y yo, que fui consagrado y enviado al mundo por el Padre, ¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios?  Si yo no hago las obras del Padre, no me crean. Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre.»

Otra vez quisieron llevarlo preso, pero Jesús se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y se quedó allí.  Mucha gente acudió a él, y decían: «Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él en aquel lugar.

 

Sábado 4 de abril de 2020

Evangelio según Juan 11,45-57

 

Jesús anuncia la proximidad del Reino de Dios, pero dándole una nueva coloración, como una extraordinaria oferta de salvación. Al mismo tiempo que es considerado profeta, es tenido como rabí, maestro, aquel que conoce las escrituras y argumenta a partir de ellas.

Caifás cuyo verdadero nombre era José, fue sumo sacerdote a partir de la procuraduría de Valerio Grato, el año 26 d.C, probablemente después de la destitución de Poncio Pilatos, al comienzo del año 37.

 

Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.

Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él, y luego intervendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.»

Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada. No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.»

Estas palabras de Caifás no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo. Jesús ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus discípulos en una ciudad llamada Efraím.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?» Pues los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes, y si alguien sabía dónde se encontraba Jesús, debía notificarlo para que fuera arrestado.


5 al 11 de abril 2020

5 al 11 de abril 2020

Semana Santa

 

En estos días celebramos la Semana Mayor o Semana Santa, reviviendo los acontecimientos centrales de la vida de todo cristiano: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

El Domingo de Ramos se inicia con una acción litúrgica donde se proclama el Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén, “hosannado” por el pueblo. Se continúa con la representación de la lectura de la Pasión según Mateo como síntesis de todos los acontecimientos de la semana.

 

Las perícopas evangélicas de los otros seis días presentan a:

  1. Jesús se encuentra con sus amigos de Betania.
  2. La traición, y la afirmación de Jesús de que solamente el amor es el signo del ser cristiano.
  3. Jesús es vendido al precio de un esclavo.
  4. En el Jueves Santo se nos presenta la clave de la salvación en las palabras del Evangelio según Juan, que narra el momento en que Jesús lava los pies a sus discípulos.
  5. El Viernes Santo, con la lectura de la Pasión según Juan, se conmemora el signo supremo del amor De Jesús: su muerte.
  6. El Sábado Santo es la vigilia del misterio de la Resurrección de Jesús.

 

Domingo 5 de abril de 2020

Domingo de Ramos

Evangelio según Mateo 27,11-56

 

El anuncio de la Pasión Muerte y Resurrección de Jesús representó la predicación carismática de los discípulos de Jesús, que ha llegado hasta nosotros en las cuatro tradiciones de los evangelios. En recuerdo de la muerte y sepultura de Jesús se ha construido la Iglesia del Santo Sepulcro. Hoy leemos la versión según Mateo.

 

Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.» Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.

Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás.

Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia. Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.»

Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!»

Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!» Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.»

Y todo el pueblo con testó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo.

Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» Le escupían en la cara y con la caña le golpeaban en la cabeza.

Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar.

Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.

Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.»

También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.»

Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él!

Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.»

Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas.

A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.» Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.

Después de la muerte de Jesús. En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso.

Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.

El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.» También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 15,2-15. Lc22, 2-5.13-25. Jn 18,28-19,16.

 

Lunes 6 de abril de 2020

Lunes Santo

Evangelio según Juan 12,1-11

 

El perfume en tiempos de Jesús se usaba en numerosas circunstancias, casi las mismas que en la actualidad: Comidas, placeres de la vida, cuidado corporal de las mujeres, bodas, ritos funerarios, vida cultual.

El perfume se utilizaba también en el ritual de las expiaciones. En el caso de luto, no se utilizaba perfume, aunque sí aromas para embalsamar o ungir al cadáver.

 

Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados. María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume.

Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: «Ese perfume se podría haber vendido en trescientos denarios para ayudar a los pobres.»

En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella.

Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.»

Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro, pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 26,6-13. Mc 14,3-9.

 

Martes 7 de abril de 2020

Martes Santo

Evangelio según Juan 13,21-38

 

Judas Iscariote, el que entregó Jesús al Sanedrín, era uno de los doce seguidores más cercanos a Jesús, posiblemente hombre de Kariot (Iscariote), una ciudad de Judá.

 

Tras decir estas cosas, Jesús se conmovió en su espíritu y dijo con toda claridad: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar.» Los discípulos se miraron unos a otros, pues no sabían a quién se refería. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado a su lado en la mesa, y Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara de quién hablaba.

Se volvió hacia Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?» Jesús le contestó: «Voy a mojar un pedazo de pan en el plato. Aquél al cual se lo dé, ése es.» Jesús mojó un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. Apenas Judas tomó el pedazo de pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»

Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué Jesús se lo decía. Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta...», o bien: «da algo a los pobres.»

Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando Judas salió, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto.

Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir.

Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros.»

Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿adónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde.» Pedro le dijo: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti.» Jesús le respondió: « ¿Dar tú la vida por mí? En verdad te digo que antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 26,21-25.  Mc 14,18-21. Lc22,21-23

 

Miércoles 8 de abril de 2020

Miércoles Santo

Evangelio según Mateo 26,14-25

 

Una moneda de plata, o denario, era el salario de un día y 30  monedas eran el precio de de un esclavo. El pan sin levadura era el pan para el viaje porque no se corrompía. Fue el mismo alimento que comieron los israelitas a su salida de la tierra de Egipto. 

Según los sinópticos, el primer día de la pascua era el viernes, y para el evangelio de Juan era el día sábado y por tanto la cena no era considerada cena pascual pero si formaba parte de las fiestas de la pascua.

Se preparaba en la tarde el cordero pascual y la fiesta se efectuaba en la noche. En tal ocasión se mezclaba vino con agua.

 

Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes y les dijo: « ¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: « ¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.»

Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar.» Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: « ¿Seré yo, Señor?»

El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: « ¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.»

Pasos paralelos en los evangelios según: Mc 14,10-16. Lc 22,3-13.

 

Jueves 9 de abril de 2020

Jueves Santo

Evangelio según Juan 13,1-15

 

Lavar los pies constituía un deber elemental de hospitalidad, en un país donde los viajeros andaban descalzos o calzados con simple sandalias y terminaban cubiertos con polvo.

Los sacerdotes israelitas debían lavarse las manos y los pies antes de ejercer sus funciones. El lavatorio lo hacía un esclavo, las prescripciones rabínicas lo reservaban a esclavos no judíos. Había discípulos que prestaban este servicio a su maestro o rabino en señal de devoción.

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» Jesús le contestó: «Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde.» Pedro replicó: «Jamás me lavarás los pies.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo.» Entonces Pedro le dijo: «Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo: «El que se ha bañado está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.» Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos ustedes están limpios.»

Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo.

 

Viernes 10 de abril de 2020

Viernes Santo

Evangelio según Juan 18,1-19,42

 

La crucifixión es de origen persa, y era un castigo que practicaban los pueblos bárbaros. Los griegos la conocían  y la aplicaban como castigo de crímenes contra el Estado.

Para los romanos era la pena más cruel y vergonzosa, se infligía a los esclavos libres que no eran romanos para castigar el homicidio, el robo, la traición y la rebelión.

La crucifixión iba precedida de la flagelación, del acarreo de la cruz a hombros para el condenado y al despojo de las vestiduras.

 

Cuando terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y Jesús entró en él con sus discípulos.

Judas, el que lo entregaba, conocía también ese lugar, pues Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y armas.

Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?» Contestaron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús dijo: «Yo soy.» Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos.

Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús les respondió: «Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan.» Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste.»

Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha.

Jesús dijo a Pedro: «Coloca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?»

Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron  y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo.»

Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, mientras que Pedro se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. La muchacha que hacía de portera dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre.» Pedro le respondió: «No lo soy».

Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se calentaba.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: «Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto.  ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho.»

Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» Jesús le dijo: «Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?»

Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.

Simón Pedro estaba calentándose al fuego en el patio, y le dijeron: «Seguramente tú también eres uno de sus discípulos.» El lo negó diciendo: «No lo soy.» Entonces uno de los servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con él en el huerto?» De nuevo Pedro lo negó y al instante cantó un gallo.

Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para no quedar impuros, pues ése era un lugar pagano, y querían participar en la comida de la Pascua. Entonces Pilato salió fuera, don de estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?»

Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no lo habríamos traído ante ti.» Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley.» Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para aplicar la pena de muerte.»

Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir.

Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» Pilato respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»

Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.»

Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.» Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?»

Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este hombre.

Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero. ¿Quieren ustedes que ponga en libertad al Rey de los Judíos?»

Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a Barrabás.» Barrabás era un bandido.

Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado. Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura  y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los ju díos!» Y le golpeaban en la cara.

Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.» Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.»

Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: « ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.» Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.»

Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?» Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.»

Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César: el que se proclama rey se rebela contra el César.» Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal.

Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.» Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.» Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.

Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús.

Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.» Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además estaba escrito en hebreo, latín y griego. Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: “Rey de los Judíos”, sino: “Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”.» Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.»

Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.

Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

Le abrió el costado y salió sangre y agua.

Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lan za, y al instante salió sangre y agua.

El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron.

Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús, y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo.

También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos.

En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no había sido enterrado nadie. Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 26,1-27,66. Mc 14,17-15,47. Lc 22,14-23,56.

 

 

Sábado 11 de abril de 2020

Sábado Santo: Vigília Pascual

Evangelio según Mateo 28,1-10

 

Los sepulcros judíos estaban cavados en la roca y eran múltiples, cada excavación comprendía varias  tumbas.

Dice el Evangelio que el Calvario estaba cerca del lugar donde fue crucificado Jesús, en las afueras de la Ciudad, a corta distancia de la Jerusalén de los tiempos de Jesús.

En el lugar indicado por la tradición, se levanta un Templo que comprende la roca del Calvario y la tumba donde colocaron a Jesús.

 

Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. De repente se produjo un violento temblor: el Ángel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve.

Al ver al Ángel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.

El Ángel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto,

pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo.»

Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 16,1-8. Lc 24,1-10.

12 al 18 de abril 2020

 

12 al 18 de abril 2020

Primera semana de Pascua

 

Es la Pascua del Señor, es decir, su paso, entre nosotros. Es la actualización de la Pascua judía donde se recordaba el poder de Yhvh con su pueblo: “Recuerda Israel que fuiste esclavo en Egipto…”. Ahora con Jesús celebramos la salvación plena, la reconstitución de toda la creación en sus dimensiones humanas y divinas.

  1. Empieza el Evangelio del domingo de Pascua recordando que la primera testigo de la resurrección es María Magdalena.
  2. Jesús los anima diciendo “no tengan miedo”.
  3. María Magdalena dio la vuelta y le dijo “Rabboní”, que quiere decir maestro.
  4. El miércoles es la lectura de Lucas 24: el camino a Emaús: “sus ojos estaban incapacitados para reconocerle” y “entonces se abrieron sus ojos”.
  5. “Le ofrecieron un pedazo de pescado y una porción de miel”.
  6. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: “Es el Señor”.
  7. El último evangelio, del día sábado, toma el final del Evangelio según Marcos donde Jesús dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

 

Domingo 12 de abril de 2020

Domingo de Pascua

Evangelio según Juan 20,1-9

 

María Magdalena era una mujer originaria de Mágdala, al noroeste del lago de Galilea, que fue liberada y curada por Jesús. Con otras mujeres se convirtió en discípula, siguiéndole hasta su muerte y entierro, y anunció su resurrección.

 

El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Como se inclinara, vio los lienzos caídos, pero no entró. Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos caídos. El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él “debía” resucitar de entre los muertos!

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 28,1-8. Mc 16,1-8. Lc 24,1-11.

 

Lunes 13 de abril de 2020

Evangelio según Mateo 28,8-15

 

La mujer era considerada como un ser inferior y despreciable por el mundo romano. La función procreadora era la que determinaba, su posición en la sociedad.

En el interior de la familia, la estima aumentaba cuando llegaba a ser madre, sobre todo si lo era de un hijo varón.

Los votos de la mujer debían revalidarlos el esposo, o también anularlos. La situación de la viuda, se regía por costumbres particulares, que les aseguraba una condición de vida decente.

Las mujeres de los agricultores asumían, no sólo los trabajos duros de la casa, sino que también guardaban los rebaños, cocían el pan, se abastecían de agua.

Las mujeres acomodadas se ocupaban de hilar y tejer, vendían los productos de su trabajo e incluso procedían a comprar campos y viñas.

 

Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos.

En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes.» Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.»

Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, robaron el cuerpo. Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy.

 

Martes 14 de abril de 2020

Evangelio según Juan 20,11-18

 

Rabonní es el equivalente en arameo del hebreo rabbí, sin ningún matiz particular, el cual tiene como significado Señor mío, maestro mío, y representaba un apóstrofe respetuoso empleado para dirigirse a los doctores de la Ley.

 

María se había quedado llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.»

Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.»

María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 28,9-10. Mc 16,9-11.

 

Miércoles 15 de abril de 2020

Evangelio según Lucas 24,13-35

 

Hay cuatro lugares que pretenden ser designados como la Emaús del Evangelio de Lucas. Aún se discute su ubicación, aunque se piensa que se encontraba en la actual Anwas, que fue convertida en colonia romana bajo el nombre de Nicópolis el año 221 d.C.

 

Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. 15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos,  pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

 El les dijo: « ¿De qué van discutiendo por el camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: « ¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» « ¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: « ¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!» 19 Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días desde que sucedieron estas cosas.

En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.»

Entonces él les dijo: « ¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?» Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.

Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos.

Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: « ¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Estos les dijeron: «Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.»  Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Paso paralelo en lo Evangelio según: Mc 16,12-13.

 

Jueves 16 de abril de 2020

Evangelio según Lucas 24,35-48

 

La palabra Paz expresa, no sólo la vida en buena armonía con los demás, sino también la integridad de un ser o sociedad, la salud, la prosperidad material y espiritual, la felicidad.

 

Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos (y les dijo: «Paz a ustedes.») Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu, 38 pero él les dijo: « ¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso? Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo.» 40 (Y dicho esto les mostró las manos y los pies).

Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: « ¿Tienen aquí algo que comer?» Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel); lo tomó y lo comió delante ellos.

Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí.»

Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras. Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. Ustedes son testigos de todo esto.

Paso paralelo en el Evangelio: Jn 20,19-23.

 

Viernes 17 de abril de 2020

Evangelio según Juan 21,1-14

 

Pedro, llamado también Simón, era un pescador como su hermano Andrés, originario de Betsaida según el Evangelio de Juan (Jn 1,44) y de Cafarnaum según el evangelista Marcos (Cfr capítulo 1 de Marcos). Fue llamado por Jesús a orillas del lago de Galilea, junto con Andrés, Santiago y Juan. Su carácter fue entusiasta y seguro de sí mismo.

 

Después de esto, nuevamente se manifestó Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se manifestó como sigue: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael, de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.» Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces.

El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.» Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca —de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces.

Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.» Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red.

Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.

Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Paso paralelo en el Evangelios según: Lc 5,4-10; 24,41-43.

 

Sábado 18 de abril de 2020

Evangelio según Marcos 16,9-15

 

Los relatos ubican el lugar de las reuniones de los y las seguidoras de Jesús en una sala que se encontraba en el piso de arriba de la ciudad de Jerusalén, semejante a las casas de Oriente Medio. A la sala sólo se podía acceder por una escalera exterior pegada a una de las paredes laterales del inmueble.

Esto se hacía para procurar el menor contacto entre hombres y mujeres.

 

Jesús, pues, resucitó en la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban. Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no le creyeron.

Después Jesús se apareció, bajo otro aspecto, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito. Volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron.

Por último se apareció a los once discípulos mientras comían, y los reprendió por su falta de fe y por su dureza para creer a los que lo habían visto resucitado.

Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Jn 20,11-23. Lc 24,10-11.13-35.36-49 Mt 28,18-20.

 

Del 19 al 25 de abril 2020

 

Esta segunda semana del tiempo Pascual inicia con los evangelios de las apariciones, con la presencia de Jesús en medio de sus discípulos y la profesión de fe de Tomás. A continuación el Evangelio de Juan, desde el lunes al sábado, de  los capítulos 3 y 6.

 

Aquí va una síntesis de los siete evangelios:

  1. Llegó Jesús y se puso en medio de ellos y les dijo: “la paz esté con ustedes”.
  2. Nicodemo fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “sabemos que has venido de parte de Dios…”.
  3. Como la serpiente del desierto tiene que ser levantado el hijo del hombre.
  4. “El que hace la verdad va a la luz…”.
  5. “En aquel que Dios ha enviado habla la Palabra de Dios”,
  6. “Recogieron doce canasta repleta de pan de cebada y de pescado”.
  7. “Soy yo no tengan miedo”.

 

Domingo 19 de abril de 2020

Evangelio según Juan 20,19-31

 

Tomás, cuyo significado es gemelo, fue uno de los doce apóstoles, y se presenta, como aquel, que a pesar de su generosidad, duda y pide señales.

Según una antigua tradición evangelizó a los partos y fue enterrado en Edesa.

 

Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.

 

Jesús les volvió a decir: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.»

Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes.» Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.»

Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios.» Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!» Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.

 

Pasos paralelos en los evangelios según: Mc 16,14-18. Lc 24,36-49.

 

Lunes 20 de abril de 2020

Evangelio según Juan 3,1-8

 

El agua, era indispensable para la vida. Negarla al sediento era una falta condenable, dársela,  una bendición. A veces se mezclaba con vinagre o vino. Los habitantes preferían el agua viva – de fuente – a la de la cisterna.

Sacar agua para usos domésticos era tarea de las mujeres y chicas pero también de los sirvientes y pobres.

 

Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.»

Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.»

Nicodemo le dijo: « ¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer una segunda vez?» Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.

No te extrañes de que te haya dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba”. El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»

 

Martes 21 de abril de 2020

Evangelio según Juan 3,7-15

La serpiente significaba vida, y levantada al cielo, como en la marcha de los israelitas en el desierto, atrae sus bendiciones a la tierra para su salvación. Así mismo hizo Jesús cuando fue levantado en la Cruz para salvar la humanidad.

 

No te extrañes de que te haya dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba”.

El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»

Nicodemo volvió a preguntarle: « ¿Cómo puede ser eso?» Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas?

En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo?

Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre.

Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre,y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna.

 

Miércoles 22 de abril de 2020

Evangelio según Juan 3,16-21

           

La creación de Dios se ha actualizado en Cristo Jesús.

De la misma manera que el Creador disipó las tinieblas para crear el universo, así mismo, la verdad en Cristo nos trajo la luz que nos descubre la presencia de las obras de Dios entre nosotros.

 

¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.

Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.»

 

Jueves 23 de abril de 2020

Evangelio según Juan 3,31-36

 

El Evangelio del evangelista Juan nos facilita acercarnos al misterio de Jesús que se hizo carne, que llegó hasta nosotros. Él es el camino maestro para regresar a Dios, a sus palabras divinas.

 

El que viene de arriba está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene del Cielo, por más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. Pero aceptar su testimonio es como reconocer que Dios es veraz.

Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y da el Espíritu sin medida, porque el Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos. El que cree en el Hijo vive de vida eterna; en cambio, el que no cree en el Hijo tendrá que enfrentar un juicio de Dios; nunca conocerá la vida.»

 

Viernes 24 de abril de 2020

Evangelio según Juan 6,1-15

 

El número siete corresponde generalmente a los siete días de la semana de la creación, a los siete grados de la perfección.

La semana comprende seis días activos más un día de descanso. Las seis direcciones del espacio tienen un punto medio o central representado por el día sábado, simbolizando la totalidad de un movimiento o de un dinamismo total.

Siete es la clave del evangelio de Juan, este está construido en series de siete e indica la plenitud de un período de tiempo concluido.

 

Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. Le seguía un enorme gentío a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: « ¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?» Jesús les dijo: «Hagan que se siente la gente.» 10 Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.

 

Al ver la señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 14,13-21. Mc 6,32-44. Lc 9,10-17.

 

Sábado 25 de abril de 2020

Evangelio según Juan 6,16-21

 

Al llegar el atardecer baja la brisa fresca del monte Hermón, frontera norte de Israel, y presiona hacia arriba el aire caluroso de día, moviendo las aguas del lago de Genesaret, y formando así olas que pueden impresionar a quienes navegan en las frágiles barcas de los tiempos de Jesús.

 

Al llegar la noche, sus discípulos bajaron a la orilla y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a Cafarnaúm. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, y empezaban a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba.

Habían remado como unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto. Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo.»

Quisieron subirlo a la barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 14,22-33. Mc 6,45-52.

Del 26 de abril a 2 de mayo 2020

Del 26 de abril a 2 de mayo 2020

Tercera semana de Pascua

 

Se inicia esta tercera semana pascual con la lectura del Evangelio según Lucas que narra el camino a Emaús de los dos discípulos decepcionados por la muerte de Jesús y, el mismo Jesús resucitado que interpreta las Escrituras aplicándola a sus padecimientos y Resurrección.

 

Jesús se presenta como el pan bajado del cielo, verdadera comida. Muchos de sus discípulos se escandalizan de Jesús y le abandona pero Pedro, a nombre de los discípulos fieles, dice: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Esta puede ser una síntesis de los evangelios de esta semana.


 

Domingo 26 de abril 2020

Evangelio según Lucas 24,13-35

 

Hay cuatro lugares que pretenden ser designados como la Emaús del Evangelio de Lucas. Aún se discute su ubicación, aunque se piensa que se encontraba en la actual Anwas, que fue convertida en colonia romana bajo el nombre de Nicópolis el año 221 d.C.

 

Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

El les dijo: «¿De qué van discutiendo por el camino?» Se detuvieron, y parecían muy desanimados. Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» «¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!»

19Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días desde que sucedieron estas cosas.

En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.»

Entonces él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?» Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas.

Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.» Entró, pues, para quedarse con ellos.

Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. Entonces se dijeron el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo.

Estos les dijeron: «Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.» Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Paso paralelo en el Evangelio según: Mc 16,12-13.

 

Lunes 27 de abril 2020

Evangelio según Juan 6,22-29

 

Tiberíades era una aldea en la ribera occidental del lago de Genesaret que fue refundada y elevada a la categoría de ciudad por Herodes Antipas hacia el año 20 d.C. y denominada así en honor del emperador Tiberio, actualmente et-Tabaringe, a 11 Km. al sur de Cafarnaúm y a 24 Km. al nordeste de Nazaret. Está situada en el lugar del antiguo cementerio de Jamat, este emplazamiento chocó con los judíos piadosos, pero la proximidad de las fuentes termales atrajo rápidamente nuevos pobladores.

 

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago se dio cuenta que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había subido con sus discípulos en la barca, sino que éstos se habían ido solos. Mientras tanto algunas lanchas de Tiberíades habían atracado muy cerca del lugar donde todos habían comido el pan. Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaúm en busca de Jesús.

Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?»

Jesús les contestó: «En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre.»

Entonces le preguntaron: « ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» Jesús respondió: «La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado.»

 

Martes 28 de abril 2020

Evangelio según Juan 6,30-35

 

El término pan, bíblicamente significa toda clase de alimentos. Decir que el pan viene del cielo significa que este procede del Dios del cielo, que vela por sus hijos.

 

Le dijeron: « ¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo.»

Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.» Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»

Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.

Paso paralelo en el Evangelio según: Lc 11,29-32.

 

Miércoles 29 de abril 2020

Evangelio según Juan 6,36-43

 

En la vida eterna se da la plenitud de la esperanza cristiana. La fe del mundo judío, expresada en los últimos libros del Antiguo Testamento, es confirmada por Jesús y puesta como verdadera heredad de los cristianos.

 

Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto. Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí,

porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»

Mc 6,3Lc 4,22 Y decían: Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo pues de decir que ha bajado del cielo

Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes.

Paso paralelo en el Evangelio según: Mt 13,54-57. Mc 6,1-6.

 

Jueves 30 de abril 2020

Evangelio según Juan 6,44-51

 

El maná era el alimento de los israelitas en el desierto. Tenía la apariencia de rocío de escarcha: blanco, fino y granuloso, parecido a la semilla de cilantro, con sabor a torta hecha con miel. Se le ha relacionado con la secreción producida por insectos minúsculos, cuyo líquido segregado se endurece con rapidez y los beduinos lo recogían como sustitutivo del azúcar o la miel.

 

Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escucha do al Padre y ha recibido su enseñanza. Pues por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.

En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

Paso paralelo en el Evangelio según: Mt 16,17.

 

Viernes 1 de mayo 2020

Evangelio según Juan 6,52-59

 

La noción de la vida implica no sólo la existencia física, sino sobre todo la capacidad de actuar y moverse. Se concibe como un don de Dios, que insufla la vida en el ser animándolo. El aliento es señal de vida, y la sangre su principio activo.

 

Los judíos discutían entre sí: « ¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Es te es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.

Así habló Jesús en Cafarnaúm enseñando en la sinagoga.

 

 

Sábado 2 de mayo 2020

Evangelio según Juan 6,60-69

 

“Los Doce” se aplica a todo el grupo de discípulos escogidos por Jesús a su ministerio terrenal y que, después de la Pascua, representaron un papel preponderante en la primera comunidad cristiana, a la vez como testigos en Jerusalén de la resurrección de Jesús y como garantes de la fidelidad de la comunidad a las enseñanzas del Señor. También se puede aplicar a la totalidad de la creación y de los seguidores de Jesús de todos los tiempos.

 

Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: « ¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?»

Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: « ¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del Hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»

64 Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»

A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: « ¿Quieren marcharse también ustedes?»

Pedro le contestó: « Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

Paso paralelo en el Evangelio según: Mt 16,16.