1 al 7 de marzo 2020
8 a 14 de marzo 2020
15 al 21 de marzo 2020
22 al 28 de marzo 2020
1 al 7 de marzo 2020

 

 

Los temas de los evangelios del mes de marzo corresponden a las primeras cuatro semanas de preparación pascual. Todas las lecturas son escogidas como acompañamiento para el tiempo penitencial, la presentación de Jesús como Mesías y Salvador y la comprensión de la Semana Santa.

 

Estos son los temas por semanas:

En el primer domingo de cuaresma leemos las tentaciones de Jesús al inicio de su misión evangelizadora. 

En el Segundo domingo de Cuaresma Mateo nos narra la transfiguración de Jesús o su manifestación como ser extraordinario que nos muestra a Jesús hijo de Dios.

El tercer domingo de cuaresma corresponden a perícopas de Juan que nos hace reflexionar sobre el diálogo con la samaritana sobre el agua viva y el domingo de la cuarta semana nos presenta a Jesús que cura el ciego de nacimiento y la determinación de los judíos para matar a Jesús.

En las lecturas semanales de los evangelios se conservó la antigua liturgia sin continuidad de lectura y con el propósito de realzar el camino de purificación y preparación a la muerte y resurrección de Jesús.


 

 

1 al 7 de marzo 2020

Primera semana de Cuaresma

 

El camino de la Cuaresma se puede comprender dentro de las tentaciones de Jesús, proponen un camino de seguimiento de la Buena Nueva. Allí provocaron a Jesús para que se develara como hijo de Dios y aceptara el poder de este mundo.

Este es el tiempo establecido por Dios y esperado por los creyentes para que cambiemos de vida y creamos a la Buena Noticia del Reino de Dios.

 

Los evangelios de la semana nos presentan propuestas de cambios y salvación. El lunes está el juicio final sobre el amor, el martes la oración del Padre nuestro, el miércoles la necesidad de la conversión, el jueves la oración con insistencia, el viernes el respeto a los demás por ser hijos de Dios y el sábado el límite del amor en el amor hacia los enemigos.


 

Domingo 1 de marzo de 2020

Mateo 4,1-11

 

El número cuarenta indica que llegó la hora de hacerse conocer, es el número de la madurez humana necesario para que otros tomen en cuenta tus enseñanzas. Sin esa prueba no se era creíble en el mundo judío.

 

El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo,  y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre.

Entonces se le acercó el tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan.

Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. Y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues la Escritura dice: Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna.» Jesús replicó: «Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.» A continuación el diablo lo llevó a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas Y le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras.»

Jesús le dijo: «Aléjate, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás.»

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 1,12-13. Lc 4,1-13.

 

Lunes 2 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 25,31-46

 

Las cabras o el ganado cabrío, eran animales cuya carne era apreciada en los banquetes, sobre todo la del cabrito, eran ofrecidos en los sacrificios, y formaban parte del ritual del día de las expiaciones. Se tomaba leche de cabra; las pieles vueltas servían de odres y el pelo se utilizaba para la fabricación de tiendas.

El carnero y la oveja encuentran su sustento en los prados comunes situados cerca de las aglomeraciones; en verano lo llevan a la estepa. Constituye así mismo una de las víctimas más importantes para los sacrificios, se ofrecían sobretodo carneros y corderos machos. Daba lana, vestido de piel, carne y leche.

Su esquileo era acompañado de fiestas, al igual que la cosecha. Era incapaz de defenderse ante el peligro y era obediente al pastor.

 

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda

Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.»

Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.»

Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron.»

Estos preguntarán también: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?» El Rey les responderá: «En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí

Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.»

 

Martes 3 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 6,7-15

 

El Padre Nuestro ciertamente se rezaba en las primeras comunidades cristianas. No sabemos el lugar donde Jesús enseñó esta oración a sus discípulos, pero una antigua tradición lo ubica en el monte de los Olivos, cerca del lugar donde se dice que Jesús ascendió a los cielos.

La gruta del Padre Nuestro está ahora atendidas por las hermanas carmelitas.

 

Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga. No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan.

Ustedes, pues, recen así: Padre nuestro, que estás en el Cielo, 9 santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, 10 hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. Danos hoy el pan que nos corresponde, y perdona nuestras deudas, 12 como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, 13 sino líbranos del Maligno.

Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes.

Paso paralelo en el evangelio según: Lc 11,2-4.

 

Miércoles 4 de marzo de 2020

Evangelio Según Lucas 11,29-32

 

La palabra multitud aparece en la escritura con un término griego “óklos”, que indica una aglomeración de gente, pero no en los términos que entendemos ahora: El texto hace referencia a un libro del Primer Testamento, la novela de Jonás, escrita en el tercer siglo a.C., en una época de apertura del pueblo de Israel hacia las naciones extranjeras.

 

Aumentaba la multitud por la gente que llegaba y Jesús empezó a decir: «La gente de este tiempo es gente mala. Piden una señal, pero no tendrán más señal que la señal de Jonás Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, de igual manera el Hijo del Hombre será una señal para esta generación. La reina del Sur resucitará en el día del Juicio junto con la gente de hoy y los acusará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí tienen ustedes mucho más que Salomón. Los habitantes de Nínive resucitarán en el día del Juicio junto con la gente de hoy y los acusarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás.

Paso paralelo en el evangelio según: Mt 12,38-42.

 

Jueves 5 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 7,7-12

 

Cuando se habla de la Ley y los Profetas, se indica todos los libros del Primer Testamento que sustentan y abre el camino a las enseñanzas de Jesús.

 

Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama. ¿Acaso alguno de ustedes daría a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿O le daría una culebra cuando le pide un pescado? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan!

Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y los Profetas.

Pasos paralelos en los evangelios según: Lc 11,9-13; 18,1-8. Mc 11,24. Jn 14,13. Mt 18,19.

 

Viernes 6 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 5,20-26

 

El tribunal, era el estrado semicircular donde estaban sentados los magistrados romanos para impartir justicia, cuya competencia se extendía a los delitos definidos por la ley.

El Tribunal del Emperador era de apelación para los ciudadanos romanos. En las provincias, los pueblos con derecho peregrino conservaban sus tribunales propios, mientras que el gobernador sólo se ocupaba de los asuntos relativos a los ciudadanos romanos o de los homicidios.

 

Yo se lo digo: si no se proponen algo más perfecto que lo de los fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos.

Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio.» Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno. Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda

Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias, que te encerrarán en la cárcel? En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo.

Pasos paralelos en los evangelios según: Mc: 11,25. Lc 12,58-59.

 

Sábado 7 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 5,43-48

 

Los Cielos, en el mundo hebreo, indican el lugar de la presencia original y definitiva de Dios, y la Paternidad Universal de Yahveh-Elohim.

 

Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.

Pasos paralelos en el Evangelio según: Lc 6,27-36; 23,34.

8 a 14 de marzo 2020

8 a 14 de marzo 2020

Segunda semana de Cuaresma

 

La segunda semana de cuaresma inicia con la perícopa evangélica que presenta la interrelación de la vida de Jesús con el padre de la Ley, Moisés, y con el padre del profetismo, Elías. Allí se coloca a Jesús en el mismo corazón de la religión judía y de la historia de la salvación.

Los evangelios siguientes hablan de la compasión como estilo de vida, del conocimiento de la ley, el camino de la cruz, de la justicia de Dios, de la viña del Señor que representa a Israel que desechó al Señor, de los hijos pródigos en busca de su redención.


Domingo 8 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 17,1-9

 

Las figuras de Moisés y Elías son emblemáticas para el pueblo judío. El Mesías esperado tenía que poseer la presencia de Dios en su vida y su semblante para llenar de alegría a sus discípulos más cercanos. Tres discípulos, tres personas para la excelencia del testimonio necesario para sostener la verdad plena.

 

Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto.

A la vista de ellos su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. En seguida vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús.

Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, levantaré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Estaba Pedro todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube dijo: «¡Este es mi Hijo, el Amado! ¡Este es mi Elegido, escúchenlo!»

Al oír la voz, los discípulos se echaron al suelo, llenos de miedo. Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levántense, no tengan miedo.» Ellos levantaron los ojos, pero ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.»

 

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 9,2-8. Lc 9,28-36.

 

Lunes 9 de marzo de 2020

Evangelio según Lucas 6,36-38

 

La compasión es la Acción Divina por excelencia, que encubre la esencia misma de Dios.

Compasión o misericordia, jesed en hebreo y éleos en griego: La traducción en griego más cercana al hebreo es splagkna que indica la conmoción de las mismas entrañas del ser humano.

Perdonar es condonar una falta sea cual fuere su contenido u origen. La palabra perdón tiene un sentido muy fuerte: significa dar o conceder por entero e implica, por tanto, la desaparición de una falta, sin reticencia alguna por parte de quien perdona y sin dejar huella en el perdonado.

 

Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes.»

Pasos paralelos en los evangelios según: Mt 7,1-2. Mc 4,24.

 

Martes 10 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 23,1-12

 

Las filacterias, eran bolsitas de piel que contenían copias de cuatro pasajes de la Torah que los judíos llevaban sobre la frente, y en el brazo izquierdo, al menos durante la oración.

Con las filacterias se ponían también un manto terminado en flecos, que llevaba borlas en sus cuatro ángulos, como recuerdo de los mandamientos.

Las plazas eran lugares donde se podían reunir una muchedumbre o una asamblea y tenían lugar los mercados, que comúnmente estaban juntos a las puertas de la ciudad.

 

Entonces Jesús habló tanto para el pueblo como para sus discípulos:

«Los maestros de la Ley y los fariseos han ocupado el puesto que dejó Moisés. Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican. Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas. Todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente y los largos flecos de su manto. Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. Les agrada que los saluden en las plazas y que la gente los llame Maestro.

Lo que es ustedes, no se dejen llamar Maestro, porque no tienen más que un Maestro, y todos ustedes son hermanos. No llamen Padre a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, el que está en el Cielo. Tampoco se dejen ustedes llamar Guía, porque ustedes no tienen más Guía que Cristo. El más grande entre ustedes se hará el servidor de todos. Porque el que se pone por encima, será humillado, y el que se rebaja, será puesto en alto.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 13,38-40; 12,38-39. Lc 11,39-52; 20,45-57.

 

Miércoles 11 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 20,17-28

 

El servicio era el trabajo del esclavo y del pobre desheredado de su propiedad ancestral. Jesús pone el acento, no ya en la riqueza como símbolo del cumplimiento de la ley de Dios, sino en el servicio.

 

Mientras iban subiendo a Jerusalén, Jesús tomó aparte a los Doce y les dijo por el camino: «Ya estamos subiendo a Jerusalén; el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley, que lo condenarán a muerte. Ellos lo entregarán a los extranjeros, que se burlarán de él, lo azotarán y lo crucificarán. Pero resucitará al tercer día.»

Entonces la madre de Santiago y Juan se acercó con sus hijos a Jesús y se arrodilló para pedirle un favor.

Jesús le dijo: «¿Qué quieres?» Y ella respondió: «Aquí tienes a mis dos hijos. Asegúrame que, cuando estés en tu reino, se sentarán uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús dijo a los hermanos: «No saben lo que piden. ¿Pueden ustedes beber la copa que yo tengo que beber?» Ellos respondieron: «Podemos.» Jesús replicó: «Ustedes sí beberán mi copa, pero no me corresponde a mí el concederles que se sienten a mi derecha o a mi izquierda. Eso será para quienes el Padre lo haya dispuesto.»

Los otros diez se enojaron con los dos hermanos al oír esto. Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el que de ustedes quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes, y si alguno de ustedes quiere ser el primero entre ustedes, que se haga el esclavo de todos.

Hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 10,32-34; 10,35-45. Lc 18,31-33; 22,24-27.

 

Jueves 12 de marzo de 2020

Evangelio según Lucas 16,19-31

 

Las vestiduras de los ricos eran de lana teñidas con púrpura de Tiro, y el lino se usaba para  ropas interiores finas, de Egipto.

Los perros generalmente se empleaban en la caza o como compañero de camino, sobre todo, guardianes de los rebaños.

 

Había un hombre rico que se vestía con ropa finísima y comía regiamente todos los días. Había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas. Pues bien, murió el pobre y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abraham. También murió el rico, y lo sepultaron.

Estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro con él en su regazo. Entonces gritó: «Padre Abraham, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas.»

Abraham le respondió: «Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos.

Además, entre ustedes y nosotros hay un abismo tremendo, de tal manera que los que quieran cruzar desde aquí hasta ustedes no pueden hacerlo, y tampoco lo pueden hacer del lado de ustedes al nuestro.»

El otro replicó: «Entonces te ruego, padre Abraham, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, a mis cinco hermanos: que vaya a darles su testimonio para que no vengan también ellos a parar a este lugar de tormento.» Abraham le contestó: «Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen.» El rico insistió: «No lo harán, padre Abraham; pero si alguno de entre los muertos fuera donde ellos, se arrepentirían.»

Abraham le replicó: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite uno de entre los muertos, no se convencerán.»

 

Viernes 13 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 21,33-46

 

Las viñas se plantaban preferentemente en laderas bien orientadas que se labraban  y se limpiaban de la maleza y de las piedras del suelo y se rodeaban con una cerca para protegerlas del ganado y los animales salvajes.

Unas cabañas o una torre de guardia daban abrigo a los guardianes de la viña. Se procuraba que la cepa fuese de buena calidad. Los sarmientos se sostenían con palos o bien eran dirigidos hacia las higueras.

 

Escuchen este otro ejemplo: Había un propietario que plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar y levantó una torre para vigilarla. Después la alquiló a unos labradores y se marchó a un país lejano. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, el dueño mandó a sus sirvientes que fueran donde aquellos labradores y cobraran su parte de la cosecha. Pero los labradores tomaron a los enviados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

El propietario volvió a enviar a otros servidores más numerosos que la primera vez, pero los trataron de la misma manera.

Por último envió a su hijo, pensando: “A mi hijo lo respetarán”. Pero los trabajadores, al ver al hijo, se dijeron: “Ese es el heredero. Lo matamos y así nos quedamos con su herencia”. Lo tomaron, pues, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Ahora bien, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con esos labradores?» Le contestaron: «Hará morir sin compasión a esa gente tan mala y arrendará la viña a otros labradores que le paguen a su debido tiempo.»

Jesús agregó: «¿No han leído cierta Escritura? Dice así: La piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra angular; ésa fue la obra del Señor y nos dejó maravillados.

Ahora yo les digo a ustedes: se les quitará el Reino de los Cielos, y será entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Al oír estos ejemplos, los jefes de los sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús se refería a ellos. Hubieran deseado arrestarlo, pero tuvieron miedo del pueblo, que lo consideraba como un profeta.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 12,1-12. Lc 20,9-19.

 

Sábado 14 de Marzo de 2020

Evangelio según Lucas 15,1-32

 

Los publicanos eran los cobradores de los impuestos del peaje y de las mercancías. Eran considerados pecadores por servir a los romanos o no observar la Ley. Decir publicano o pecador o prostituta es semejante que decir impuro.

El ganado vacuno o ternero se criaba, más que para productos lácteos, para carne y para los sacrificios.

 

Los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharle. Por esto los fariseos y los maestros de la Ley lo criticaban entre sí: «Este hombre da buena acogida a los pecadores y come con ellos.» Entonces Jesús les dijo esta parábola:

Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido.” Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.

Y si una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y apenas la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: “Alégrense conmigo, porque hallé la moneda que se me había perdido”. De igual manera, yo se lo digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.»

Jesús continuó: «Había un hombre que tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: “Dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y el padre repartió sus bienes entre los dos.

El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después se fue a un país lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. Cuando ya había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. Fue a buscar trabajo y se puso al servicio de un habitante del lugar, que lo envió a su campo a cuidar cerdos. Hubiera deseado llenarse el estómago con las bellotas que daban a los cerdos, pero nadie se las daba.

Finalmente recapacitó y se dijo: “¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: Padre, he pe cado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados.” Se levantó, pues, y se fue donde su padre.

Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó.  Entonces el hijo le habló: «Padre, he pecado contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus servidores: «¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.» Y comenzaron la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la orquesta y el baile. Llamó a uno de los muchachos y le preguntó qué significaba todo aquello. El le respondió: «Tu hermano ha regresado a casa, y tu padre mandó matar el ternero gordo por haberlo recobrado sano y salvo.»

El hijo mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió a suplicarle. Pero él le contestó: «Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y a mí nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. Pero ahora que vuelve ese hijo tuyo que se ha gastado tu dinero con prostitutas, haces matar para él el ternero gordo.»

El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 9,10-13. 18,12-14; 19,10. Lc 6,36.

 

15 al 21 de marzo 2020

15 al 21 de marzo 2020

Tercera semana de Cuaresma

 

La tercera semana inicia con el Evangelio según Juan que narra el diálogo con la samaritana sobre el Agua Viva y el anuncio de la Buena Noticia en Jesús.

 

Los evangelios siguientes nos muestran el anuncio universal de Jesús, la inmensidad del perdón, la Ley como Palabra de Dios, la presencia del Reino de Dios, el mandamiento máximo del amor a Dios y por reflejo al prójimo, y la fuerza de la oración del humilde.


 

Domingo 15 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 4,5-42

 

Samaria fue la capital del Reino del Norte, de la tierra de Efraín y Manasés. Allí se profundizó la división de Jerusalén y adoptaron sus lugares de cultos y una versión del Pentateuco al arameo

.

Y fue así como Jesús llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob.

6Jesús, cansado por la caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.» Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer. La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos).

Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría.» Ella le dijo: «Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?»

Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta has ta la vida eterna.»

La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua.»

Jesús le dijo: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.» La mujer contestó: «No tengo marido.» Jesús le dijo: «Has dicho bien que no tienes marido,

pues has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.» La mujer contestó: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?»

Jesús le dijo: «Créeme, mujer: Llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será “en este cerro” o “en Jerusalén”.

Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.

Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías (que es el Cristo), está por venir; cuando venga nos enseñará todo.» Jesús le dijo: «Ese soy yo, el que habla contigo.»

En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella. La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?» Salieron, pues, del pueblo y fueron a verlo.

Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come.» Pero él les contestó: «El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen.» Y se preguntaban si alguien le habría traído de comer.

Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra.

 Ustedes dicen: “dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar”. ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la siega. Ap 14,15

El segador ya recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador.

Aquí vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha. Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes se han aprovechado de su trabajo.»

Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me ha dicho todo lo que he hecho.»

Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron al oír su palabra, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Lunes 16 de marzo de 2020

Evangelio según Lucas 4,24-30

 

En esta perícopa hay unos cuantos nombres: Elías, el profeta del pueblo del tiempo de los reyes del Norte. Sarepta, una aldea del territorio de Sidón (ahora Líbano) tierra de gentiles. El profeta Eliseo, discípulos de Elías y el sirio Naamán, de la región de Siria: pueblo eterno rival de de Israel. Finalmente a Nazaret, la patria de Jesús, a seis Km. de Séforis, la capital de Palestina, reconstruida al tiempo de Jesús.

 

Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y una gran hambre asoló a todo el país.

Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»

Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.

 

Martes 17 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 18,21-35

 

El perdonar siete veces era una praxis en el Primer Testamento. El siete simboliza la plenitud humana y el perdón total al hermano, en cuanto ser creado. En cambio, las ofensas a Dios, no las pueden perdonar los hombres sino solamente el Señor. El número setenta veces siete es la medida de Dios, una medida sin límite. 

 

Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.»

«Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.» El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda.

Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes.» El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.» Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda.

Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor. Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?»

Y tanto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

Pasos paralelos en el Evangelio según: Lc 17,4; 7,42; 23,34. Mt 6,12.

 

Miércoles 18 de marzo de 2020

Evangelio según Mateo 5,17-19

 

Una coma o una tilde de la Ley, en que se habla en este Evangelio, no es un signo gramatical, ni una nimiedad, sino representa la letra yod del idioma hebreo y simboliza la esencia de la misma Ley, y no un fragmento insignificante, como a menudo se explica.

 

No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para traer lo definitivo. En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice.

Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.

Paso paralelo en el Evangelio según: Lc 16,17.

 

Jueves 19 de marzo de 2020

Evangelio según Lucas 11,14-23

 

Las enfermedades como: fiebres, tumores, peste, deficiencia física, sordera, se consideraban castigos del pecado, se concebían como una especie de posesión demoníaca.

“Beelzebul”, dios pagano de la oscuridad, significa movimiento capaz de una acción universal que puede llevar, fuera de la voluntad de Dios, a toda la humanidad.

 

Otro día Jesús estaba expulsando un demonio: se trataba de un hombre mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar y la gente quedó admirada. Pero algunos de ellos dijeron: «Este echa a los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios.» Y otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal que viniera del cielo.

Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Una nación dividida corre a la ruina, y los partidos opuestos caen uno tras otro. Si Satanás también está dividido, ¿podrá mantenerse su reino? ¿Cómo se les ocurre decir que yo echo los demonios invocando a Belzebú? Si yo echo los demonios con la ayuda de Belzebú, los amigos de ustedes, ¿con ayuda de quién los echan? Ellos juzgarán lo que ustedes acaban de decir.

En cambio, si echo los demonios con el dedo de Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando el Fuerte, bien armado, guarda su casa, todas sus cosas están seguras; pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quitará las armas en que confiaba y distribuirá todo lo que tenía.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mc 3,22-27. Mt 12,22-29.

 

Viernes 20 de marzo de 2020

Evangelio según Marcos 12,28-34

 

El maestro de la Ley, o escriba, era el experto de la Torah escrita y oral, con amplios conocimientos de todas las leyes y sus aplicaciones.

El Reino de Dios significa reino de justicia y de paz, aquí en la tierra primero y, después, en el Cielo, lugar de lo divino.

 

Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»

El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»

Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 22,34-40. Lc 10,25-28.

 

Sábado 21 de marzo de 2020

Evangelio según Lucas 18,9-14

 

El diezmo era una deducción de una décima parte de las cosechas, se dividía en anual: él que tenían que ofrecerse al santuario único, para consumir durante una comida festiva. Mientras que, a los que vivían lejos de Jerusalén se les facultaba  para vender el diezmo de sus cosechas y, con el dinero recabado de la venta, iban a celebrar la comida prescrita en el santuario y el trienal: que se daba a los pobres.

 

Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás. «Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros, o como ese publicano... Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todas mis entradas.”

Mientras tanto el publicano se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador.”

Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado y el que se humilla será enaltecido.»

Pasos paralelos en los Evangelios según: Mt 23,12 = Lc 14,1

22 al 28 de marzo 2020

22 al 28 de marzo 2020

Cuarta semana de Cuaresma

 

 

La perícopa de este domingo presenta la curación del ciego de Nacimiento. Jesús lo envía a la fuente de Siloé que curiosamente tiene el significado de enviada. Aquí se nos presenta la necesidad de la Luz que es el mismo Jesús en persona y, a quien los principales de Israel no quisieron reconocer como enviado de Dios.

 

El día lunes se nos recuerda los primeros dos signos de Jesús: el cambio del agua en vino, y la curación del hijo de un funcionario real en Cafarnaum.

En los siguientes perícopas juánicas Jesús cura con autoridad a un paralítico. Jesús defiende su palabra y su obra, y afirma que quienes crean en Él tendrán vida en plenitud. Las últimas perícopas de la semana nos recuerdan el acoso a Jesús de parte de las autoridades religiosas que lo llevaron hasta la cruz.


 

Domingo 22 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 9,1-41

 

La tradición bíblica-judía hacía caer la culpa de los padres a los hijos hasta la tercera y cuarta generación: “el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (Ex 34,7), pero Jesús dice que las culpas de los padres no pueden caer en los hijos.

 

Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?» Jesús respondió: «No es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima.

Mientras es de día tenemos que hacer la obra del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar.

Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado).» El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente.

Sus vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» Unos decían: «Es él.» Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece». Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes ver?» Contestó: «Ese hombre al que llaman Jesús hizo barro, me lo aplicó a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la piscina de Siloé. Fui, me lavé y veo.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No lo sé.»

La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego. Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego era día de descanso. Y como nuevamente los fariseos preguntaran al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.» Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios.» Pero otros decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban divididos.

Entonces le preguntaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta.»

Los judíos no quisieron creer que antes era ciego y que había recobrado la vista hasta que no llamaran a sus padres. Y les preguntaron: «¿Es éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?» Los padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego. Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos, y quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y puede responder de sí mismo.»

Los padres contestaron así por miedo a los judíos, pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que reconocieran a Jesús como el Mesías. Por eso dijeron: «Es mayor de edad, pregúntenle a él.»

De nuevo los fariseos volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador.» El respondió: «Yo no sé si es un pecador; lo que sé es que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» El les dijo: «Ya se lo he dicho y no me han escuchado. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»

Entonces comenzaron a insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de dónde es.» El hombre contestó: «Esto es lo extraño: él me ha abierto los ojos y ustedes no entienden de dónde viene.

Es sabido que Dios no escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.»

Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron.

Jesús se enteró de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del Hombre?» Le contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo.» El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él.

Jesús añadió: «He venido a este mundo para llevar a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que ven, se volverán ciegos.»

Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?»

Jesús les contestó: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: “Vemos”, y ésa es la prueba de su pecado.»

 

Lunes 23 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 4,43-54

 

Caná era una localidad de Galilea, aunque su localización es insegura. Generalmente es ubicada en Kefar Kanna, a 6 Km. al norte de Nazaret, pero probablemente su ubicación se da a 13,5 Km al norte de Nazaret en Hirbet Qana, cuyo entorno pantanoso justificaría su nombre significa Caña. Los libaneses consideran a Caná un poblado del territorio de Tiro y Sidón.

 

Pasados los dos días, Jesús partió de allí para Galilea. El había afirmado que un profeta no es reconocido en su propia tierra; sin embargo los galileos lo recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la fiesta.

Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en Cafarnaúm que tenía un hijo enfermo. Al saber que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo, que se estaba muriendo.

Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen.»

El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir antes de que muera mi hijo.» Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está vivo.»

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.

Al llegar a la bajada de los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba sano. Les preguntó a qué hora se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre.» El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo.» Y creyó él y toda su familia.

Esta es la segunda señal milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.

 

Martes 24 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 5,1-16

 

Betesda es una piscina situada cerca de la puerta de las Ovejas, al norte del Templo que fue teatro de la curación de un paralítico.

 

Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta cinco pórticos, y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.)

Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?» El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro.» Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.» Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar.

Pero aquel día era sábado. Por eso los judíos dijeron al que acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu camilla a cuestas.» El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y anda.» Le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: toma tu camilla y anda?» Pero el enfermo no sabía quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la multitud reunida en aquel lugar.

Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor.» El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.

Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado.

 

Miércoles 25 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 5,17-30

 

La palabra padre en hebreo es abi e indica “padre mío” o abinú “padre nuestro”, pero unas pocas veces está escrita como ab indicando padre de generaciones o es  indefinido.

En arameo la palabra es aba e indica padre sin especificación de género. Podemos decir que Dios es padre y madre, y además no “mío” o “nuestro”, según indica el idioma  hebreo, sino Padre de todo ser humano y de toda la creación.

 

Pero Jesús les respondió: «Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo.»

Y los judíos tenían más ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.

Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. El Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas, que a ustedes los dejarán atónitos.

Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado.

En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida.

Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán. Así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. Y además le ha da do autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre.

No se asombren de esto; llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.

Yo no puedo hacer nada por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.

 

Jueves 26 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 5,31-47

 

En la justicia del mundo semita, piden dos testimonios para dar validez a una declaración. Jesús dice que su testimonio es válido, porque es demostrado por las obras que realiza, que no se explicarían sin la Presencia Divina en Él. Esta es una reflexión de la comunidad juánica, en seno de la cual nació el cuarto Evangelio.

Las antorchas estaban hechas de varias maderas atadas juntas y empapadas en aceites o alquitrán. Servían para iluminar en determinadas circunstancias los campos, las calles y  las plazas de la ciudad.

Si yo hago de testigo en mi favor, mi testimonio no tendrá valor. Pero Otro está dando testimonio de mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí.

Ustedes mandaron interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Yo les recuerdo esto para bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago recomendar por hombres. Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por un tiempo se sintieron a gusto con su luz. Pero yo tengo un testimonio que vale más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar.

Estas obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me ha enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su rostro;  y tampoco tienen su palabra, pues no creen al que él ha enviado.

Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí. Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. Yo no busco la alabanza de los hombres. Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes, porque he ve nido en nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio nombre, a ése sí lo acogerán. Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del Único Dios, ¿cómo podrán creer?

No piensen que seré yo quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien ustedes confían. Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él escribió de mí. Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les digo yo?»

 

 

Viernes 27 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 7,1-30

 

La cosecha es una de las faenas agrícolas más importantes: tenía lugar hacia septiembre-octubre con la vendimia. Se concluya con la fiesta de las cosechas que señalaba el comienzo del nuevo año, con una gran peregrinación a Jerusalén.

Esta peregrinación se hacía por la Fiesta de las Tiendas o de los Tabernáculos, porque se vivía en cabañas, como memoria de los 40 años que los israelitas moraron en el desierto.

Durante esta fiesta se ofrecían las primicias de todos los frutos de la tierra y de la cosecha como diezmo para el templo de Jerusalén, el extranjero, la viuda y los huérfanos.

Después de esto, Jesús iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos deseaban matarle.

Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de las Tiendas. Sus hermanos le dijeron: «No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras que realizas. Si uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a conocer al mundo.» Sus hermanos hablaban así porque no creían en él.

Jesús les contestó: «Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es bueno. El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras son malas. Suban ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado.»

Así habló Jesús y se quedó en Galilea. Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió él también, pero sin decirlo y como en secreto. Los judíos lo estaban buscando durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?» Corrían muchos comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona.» Otros replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo.» Pero nadie hablaba abiertamente de él por miedo a los judíos.

Hacia la mitad de la semana de la fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar. Los judíos, admirados, decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?»

Jesús les contestó: «Mi doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado.  El que haga la voluntad de Dios conocerá si mi doctrina viene de Él o si hablo por mi propia cuenta. El que habla en nombre propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.»

«Moisés les dio la Ley, ¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren matarme?»

Le gritaron: «Eres víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?» Jesús les respondió: «Esta no es más que mi primera obra, y todos ustedes están desconcertados. Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso en día sábado. Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he salvado al hombre entero en día sábado? No juzguen por las apariencias, sino juzguen lo que es justo.»

Algunos habitantes de Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar? Pues ahí lo tienen hablando con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han reconocido que él es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene.»

Entonces Jesús dijo en voz muy alta mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es el Verdadero, y ustedes no lo conocen. El es el que me ha enviado, y yo lo conozco porque vengo de él.»

Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora.

 

Sábado 28 de marzo de 2020

Evangelio según Juan 7,40-53

 

Existían en el Israel, en el tiempo de Jesús, dos creencias: la primera que el Mesías que vendría sería un profeta y escriba, la segunda que sería de la casa de David, o sea, de Belén.

En contraste con los fariseos, Jesús daba poca importancia a las letras de la ley, aunque la conociera en profundidad. El pueblo en general y los galileos en particular, eran considerados judíos de segunda clase por su ignorancia de las leyes. En una oportunidad se les llamó “malditos”, no conocedores de la Ley, por los escribas de Jerusalén (ver Jn 7,49).

Muchos de los que escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta.» Unos afirmaban: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de David?» La gente, pues, estaba dividida a causa de Jesús. Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima.

Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los fariseos, les preguntaron: «¿Por qué no lo han traído?» Los guardias contestaron: «Nunca hombre alguno ha hablado como éste.» Los fariseos les dijeron: «¿También ustedes se han dejado engañar? ¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en él? Pero esa gente que no conoce la Ley, ¡son unos malditos!»

Les respondió Nicodemo, el que había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo: «¿Acaso nuestra ley permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha hecho?» Le contestaron: « ¿También tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se fue cada uno a su casa.