Resumen

Los capítulos 8-10 de Nehemías se ubican como conclusión lógica de los libros de Esdras-Nehemías. La proclamación solemne de la Torah, en la plaza frente a la puerta de las Aguas, refleja la participación de todo el pueblo, la alegría de la escucha de la palabra, el revivir el camino del desierto y el compartir los alimentos. Todo se da como conclusión de la reconstrucción de la muralla y la organización social de Nehemías: fue un tiempo de nuevas esperanzas. El capítulo 9 inicia con la división de los sionistas, apoyados por los diaspórico de los pueblos de Judá y Samaria llamados “extranjeros”. Allí nace una nueva forma de ver y vivir la fe del Éxodo. Se cambia la Pascua por el Sinaí y la Misericordia Deuteronomísta por la Santidad.

 El Templo será sostenido por los sacerdotes, levitas y el pueblo sionista, que se compromete a contribuir con pesantes impuestos: las primicias de los frutos, el diezmo de sus propiedades y las primogenituras. Es el inicio de un judaísmo duro que marcará toda la historia de Israel hasta nuestros días. Palabras claves: Judaísmo, ley, sacerdocio, levitas, sionismo, pueblos de la tierra, templo.

Introducción

Los capítulos 8-10 del libro de Nehemías, representan la respuesta final de un proceso de identidad del pueblo judío, que pasó de ser un grupo de familias y comunidades dispersas sin rumbo en caminos de anonadamiento, a un nuevo núcleo jerosolimitano que se constituye en referencia, no sólo de los hermanos de Babilonia, sino de todo israelita descendiente de Jacob. Todos ellos marcados por la experiencia del Éxodo y con la memoria de la tierra prometida.

 La élite que regresó del destierro, en constante confrontación con los pueblos de la tierra y los samaritanos, construyó una nueva forma de credo colocando como base lo sagrado y la Torah que lo sustenta. Entiendo por sagrado, un espacio, unas enseñanzas consolidadas que conducen a una forma de vida centrada en un Dios Creador, YHVH, Dios único; un espacio sustentado por la experiencia de vida de un pueblo sacralizado por sus creencias y ritos (Croato, 2002, p 332). El Templo de Zorobabel, no ya agregado a la casa del rey, sino dependiente del sumo sacerdote sadocita y de los demás sacerdotes y levitas que moraban en el mismo establecimiento.

El Templo se hizo símbolo de una nación constituida por la raza judía y descendencia davídica. La Torah, el sacrificio de expiación, la Alianza sagrada, la “santidad” y la pureza legal, constituyeron su entorno. Los capítulos 8, 9 y 10 del libro de Nehemías son, entonces, la conclusión lógica de los escritos de Esdras y Nehemías, sin considerar el orden cronológico de las misiones que ellos realizaron en Jerusalén. La presencia de Esdras y Nehemías, son determinantes en la lectura solemne de la Torah, allí en la plaza frente a la puerta de las Aguas. Sus nombres en el texto masorético sugieren que ese último acto ha sido posible por las misiones del escriba Esdras y del gobernador Nehemías.

Fue un proceso en el tiempo: la ley en retrospectiva. La última obra fue la reconstrucción de la ciudad. Primeramente, se levantó el altar de los sacrificios, seguido por la construcción del templo como presencia de YHVH, a continuación, la edificación de la ciudad y, al final, el levantamiento de las murallas como protección del pueblo y para resguardar el templo.

Es interesante destacar las distintas versiones de los escritos de Esdras y Nehemías reflejadas en los textos sagrados: los LXX, Qumrán y en otra versión por Josefo (BRIGHT, 1970, p 453) y (SACCHI, 2004, p 143ss). Allí se demuestra que, en una edición tardía del texto masorético, se quiso dar un énfasis especial a las misiones de Esdras y Nehemías, incluyéndolos en la redacción final de la proclamación solemne de la ley en el capítulo 8 del libro de Nehemías

Nehemías y Esdras Encontramos a un Nehemías en las listas de los que retornan del exilio (Ez 2,2 y Neh 7,7), que con mucha probabilidad corresponde a Nehemías, el copero del rey Artajerjes I Longimano. Él fue el constructor de las murallas y responsable del reordenamiento de la ciudad y el saneador de la situación económica y social de Jerusalén y del Templo. Su nombre hebreo יהָ מְ חֶ ה nehemya simboliza el hombre en camino, a través de una interrelación de amor en sabiduría, hacia una nueva vida espiritual. Al iniciar el mes de Kisley, Nehemías estaba en la ciudad de Susa, la capital de invierno de los reyes persas, “cuando llegó de Judá Jananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres…” (Neh 1,2)3 , que le reportaban la triste situación de Jerusalén. Se describe a Jerusalén con una reciente destrucción parcial de las murallas y de sus puertas, que no pudiera referirse a la destrucción total por Nabucodonosor en el 586 AEC.

Esa situación indicaba la necesidad de una presencia autorizada para dar a Jerusalén autonomía y respeto frente a las naciones cercanas. El regreso a Jerusalén de Jananí, hermano de Nehemías, acompañado por un grupo de hombres demuestra la estrecha relación de los exilados, particularmente de la familia de Nehemías, con la comunidad judaíta de Jerusalén. La preocupante información provocó la determinación de Nehemías para organizar una misión y tratar de resolver la triste situación de la ciudad. Nehemías era el hombre de confianza del rey Artajerjes (I), que le permitió conseguir apoyo en recursos y en poder político para realizar la misión rescatadora de la ciudad de Jerusalén. Su presencia en Jerusalén duró por 12 años, a noventa años del regreso del primer grupo de deportados. Nehemías, posiblemente era eunuco del rey, como lo exigían las costumbres de la época, era conocedor de la ley y poseedor de una capacidad organizativa y hombre de gran confianza del rey y la reina. En Nehemías 5,14 se reporta que el rey lo nombró PeHäm, que normalmente se traduce como gobernador. En efecto, Nehemías tiene autoridad, como lo demuestra el encargo del Rey (Neh 2,7-9), en todo el territorio de la Transeufratina. Y escribe Soggin, J. 1999, p 341: “El encargo de Nehemías estaba dotado de plenos poderes y fue conferido directamente por el rey a una persona que había sido un simple paje de la corte” (aunque estuviera bien situado, Heródoto III, 54, de tal modo que Sacchi lo considera “un poderoso ministro del emperador”). Esdras fue el escriba más famoso de la época, a quien algunos autores le atribuyen la redacción de la Torah. En Esdras 7,11-12 leemos: “Ésta es la copia de la carta que entregó el rey Artajerjes al sacerdote y escriba Esdras, versado en las palabras y mandamientos de Yahveh y en las leyes dadas por él a Israel: Artajerjes (II), rey de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba de la ley del Dios del cielo, paz perfecta, etc…”4 . Bright J. 1970, p 460, confirma la misión de Esdras escribiendo: “La tarea recomendada a Esdras, de la que estamos informados por el documento arameo (Esd 7,12-26), cuya autenticidad no puede ponerse en duda, era completamente distinta de la de Nehemías”. La genealogía de Esdras marca la diferencia de la historia cronista. Sea en Crónicas 5,33-34, como en Esdras 7,2-5 resulta que Sadoc tiene una descendencia aarónica. Mientras que en 2Samuel 8,17, desde la cual dependen las Crónicas, no resultan sus antepasados. Así que el cronista le construyó una genealogía aarónica y lo consideró diestro en la ley de Moisés y con todo el favor del rey Artajerjes (II). Con Esdras subieron un grupo de los hijos de Israel en funciones de sacerdotes, levitas, cantores, para la reforma religiosa. “Esdras había aplicado su corazón al estudio de la ley de Yahveh, para ponerla por obra y para enseñar en Israel sus mandamientos y preceptos” (Esd 7,10). La palabra que define a Esdras sacerdote y escriba es ראָ זְ עֶ’ ezra’ que sugiere un ser humano amoroso abierto a YHVH. La ley del “Dios del cielo” que Esdras presenta a Artajerjes (II) generalmente se considera como la Torah, la ley de Moisés, Ayward R. 2008. p 329. Sin embargo, no podemos dejar pensar en la extraordinaria investigación y propuesta de Sandro Gallazzi, cuando afirma que la ley del “Dios del Cielo” está comprendida en los capítulos 40-48 de Ezequiel (Confr. el libro Ensaios sobre el pós-exilio, primera parte, de Sandro Gallazzi y Anna María Rizzante, 2008, p 1):

“Ex 25-40 constituyen los capítulos centrales del proyecto del grupo sadocita que llegó al poder, en la tierra de Judá después de las misiones de Esdras y Nehemías”. “Una hábil intervención literaria logró que el Sinaí y la tabla de la alianza pasasen a ser el vehículo ideológico de este grupo que, de esa manera, buscó legitimar su poder socio-político y garantizar la supremacía económica”. “No se trata de adentrarnos en eventuales fuentes y documentos que subyacen a estas páginas, tampoco discutir el origen y la formación del Pentateuco. Ya se ha dicho de todo y todo fue contrastado”.

“A nosotros nos interesa comprender porque la redacción final del Pentateuco tenía en su “corazón” la relectura sadocita de la experiencia del Sinaí desde el Ex 25,1 a Nm 10,10. ¿Cuál fue la lógica, ¿cuál la propuesta ideológica que está detrás de esas páginas?” “A estas preguntas procuraremos responder en dos momentos: en el primer momento profundizaremos la estructura el estudio de la arquitectura literaria del conjunto Ex 24-40. En el segundo analizaremos los elementos constitutivos del proyecto sadocita, destacando, sobre todo, la dimensión ideológica” (traducción mía). Al final del artículo consideraremos algunos elementos de la fascinante teoría de Gallazzi-Rizzante.

Se puede afirmar que, el camino socio-religioso trazado por Nehemías fue profundizado y determinado por Esdras, colocando así las bases de un judaísmo sectario que ha marcado el mundo hebreo hasta nuestros días. Para Gregorio del Olmo Lete es un gran dilema que trata de resolver en su libro: “Origen y persistencia del judaísmo”. La hermandad, de los judíos exilados en Mesopotamia con los judíos jerosolimitanos, ha construido y concluido la gran obra de los textos bíblicos, colocando un cerco, como ellos lo llaman, a la Torah, desde el Pentateuco hasta el Talmud

  1. “El mes séptimo” En el mundo judío había tres grandes fiestas de peregrinación que eran la Pascua o Pesaj, Pentecostés o de las Shavuo, de las cabañas o Sukkot precedida por el día del perdón, Yom Kippur, y el inicio del año Shofarim. “El mes séptimo” es el mes que ocupa el lugar de Sabah en la semana de la creación. Un mes de reflexión y conocimiento de la Torah, de arrepentimiento, de experiencia similar a la del Éxodo y de celebraciones que animan el pueblo a la observancia de la Torah. Al final la propuesta de un programa de coordinación para la vida del Templo que llega a ser el centro del ser y del porvenir del judaísmo. Una exégesis exhaustiva de los capítulos 8-10 requeriría un desarrollo que va más allá del presente artículo, sin embargo, ofreceremos lo suficiente para fundamentar los textos que representan el inicio del judaísmo. Desde allí, se ha dado inicio a una nueva forma de vivir la Torah, colocando al centro el Templo.

 El sacerdocio sadocita se constituye autoridad religiosa-civil, una hierocracia que se funda en la Torah que nace en el Sinaí y es sostenida por la ley de la santidad que, pretendió sacralizar toda la vida del israelita. Finalmente, el elemento raza como una cúpula que cobija la descendencia judía, haciendo de la religión el elemento que envuelve todo el ser y el vivir judío.

1.1. Capítulo 8: La Torah en la vida del judaísmo El capítulo 8 inicia con el sonido vibrante de las trompetas que llama a reunirse como un solo pueblo. El texto lo repiten todos, todo el pueblo de Jerusalén: “hombres, mujeres y de todos los que tenían uso de razón”. Aquí no se hace distinción de judíos y extranjeros. Hay un primer día de lectura de la Torah, una lectura guiada por el escriba Esdras acompañado por los representantes de las tribus de Israel. Y Esdras abrió el libro y bendijo, y el pueblo contesto AMEN. Leyó el libro junto a sacerdotes y escribas y los comentaron y, una gran emoción embargó al pueblo: “Todos se alegraron compartiendo los manjares grasos y vinos dulces y repartiéndolos a todos pues este día está consagrado” (Neh 8,10). En el corazón del texto están los 13 levitas en representación de las tribus de Israel, GRABBE L. 2008, p 363-369, más uno que representaba a los extranjeros que vivían en Jerusalén. Era el día primero, el Sabah, con inicio del mes séptimo, semejante a una nueva creación. El segundo día no es propiamente el día siguiente, el texto no lo dice y podemos afirmar con mucha probabilidad que era el siguiente Sabah, ya que era tiempo de cosecha y todos estaban ocupados. En ese día se profundizó la escritura y Esdras sugirió la relación de la Ley del Sinaí con la estancia en el desierto. El revivir físicamente el hecho del tránsito en el desierto, facilitaba la observancia de la ley, aunque no fuera un mandato de Moisés como aseveró Esdras, ni fuera practicado por Josué hijo de Nun. Así que decidieron construir cabañas y vivir en ellas en el transcurso de una semana, para simular una vida al descampado, en contacto con la naturaleza. Y entre lecturas y fiestas celebraron los siete días y festejaron el octavo día con una asamblea solemne.

1.2 Capítulo 9: Solo YHVH El largo capítulo nueve es el reconocimiento de su propia historia de desobediencia, arrepentimiento y perdón, otorgado por la misericordia de YHVH su Dios. A continuación, el capítulo diez muestra el camino del compromiso a YHVH. En las desobediencias del pueblo siempre aparece el “YHVH solo”, el único. Es un texto eminentemente yahvista, ligado al sionismo, que se está formando en Jerusalén y en el grupo diaspórico de Mesopotamia. El capítulo desarrolla un proceso que termina con compromiso asumido por todos los representantes del pueblo. Esta es la historia o ley, ya proclamada por el rey Josías que la reconoció como Ley-Alianza de salvación (2 R 22-23), en cambio, en este texto, se presenta como ley, como Torah del Sinaí, Wehnam G. 2008 p 357-59. El capítulo nueve inicia con la separación de los ben yisrä´ël, hijos de Israel, de los extranjeros presentes en Jerusalén. “Y los sionistas se pusieron de pie y confesaron sus propios pecados y los de sus padres”. Esta separación de los pueblos que no son semillas de Jacob, es propiamente el inicio del judaísmo. El pecado Ha††öº´t, en su esencia, es una escogencia de vida y no de muerte, pero una escogencia personal en contra de la voluntad de YHVH. Parafraseando el texto, podemos decirlo de esta manera: nos purificamos y pedimos perdón al YHVH por determinar nuestro camino como hijos de la diáspora, en contraste con los hijos “llamado extranjeros” de Judá, que permanecieron trabajando la tierra en el período del exilio: propiamente “los pueblos de la tierra” (2Cr 32,19). Allí de pie oyeron la lectura, confesaron sus pecados de frente a los levitas que los bendecían. Allí no estaban los sacerdotes, tal vez, por estar implicados con los pueblos “extranjeros y samaritanos”. Y, a continuación, inicia el cántico de reconocimiento de una historia de misericordia que se desarrolla en diez tiempos:

  1. La afirmación de un Dios único por ser el creador de los cielos y las tierras. 2. La llamada de Abram y la alianza adquirida por la fe en YHVH y la sumisión con la circuncisión que colocó a un nivel superior, de Abram en Abraham. 3. La salida de Egipto, pero sin la Pascua y el paso del mar de los Juncos. 4. La salvación de los egipcios y la protección con una columna de humo en el día y una columna de fuego de noche para orientar el camino. 5. Es un texto sacerdotal del Sinaí que muestra normas y leyes verdaderas, preceptos y mandamientos y, el santo sábado. YHVH les impuso mandamientos por medio de Moisés. 6. El Pan del cielo y agua de una roca, pero ellos, nuestros padres, fueron insolentes: endurecieron su cerviz, desoyeron tus mandatos. Todos estos acontecimientos se cambiaron colocándolos después del Sinaí como realización del pacto: ley por tierra. 7. No aceptaron la ley y no se acordaron de las maravillas que con ellos obraste y se obstinaron en volver a la servidumbre de Egipto. Pero tú eres un Dios que perdona, bondadoso y clemente. 8. Tú les diste tu espíritu bueno, durante cuarenta años le sustentaste en el desierto, y nada les faltó. 9. Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en el país del que habías prometido a sus padres. 10.Se alzaron de hombros en plan de rebeldía, endurecieron su cerviz, no quisieron oír pero, por tu inmensa bondad, no los aniquilaste, no los abandonaste, pues eres Dios clemente y lleno de bondad.

Los versos finales 32-37, del capítulo 9, terminan presentado las situaciones frente al Elohim todopoderoso pidiendo que tenga en cuenta el camino de sufrimiento que soportaron desde los reyes asirios. Se le reconoce la fidelidad de Dios, no obstante que los reyes, los sacerdotes y los padres no guardaron tus leyes. Les entregaste un país, pero ellos se apartaron de ti. Y suplican diciendo: “Mira que somos esclavos en un país que diste a nuestros padres. Sus abundantes frutos son para los reyes que tú nos impusiste por nuestros pecados y además disponen de nuestras personas y de nuestros bienes. ¡En qué gran angustia nos hallamos!” (Neh 9,36-37). Así termina el capítulo nueve dejando abierta una gran brecha de dolor y sufrimiento que podrá serrarse con un gran acuerdo de fidelidad con YHVH.

1.3 Capítulo 10: El nuevo pacto con el Templo de YHVH El capítulo 10 fundamenta un juramento escrito como promesa de un cambio para salvar la nación. Son nombrados en el orden debido: nuestros jefes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes. Ese orden se trastocará para conceder la máxima autoridad a los sacerdotes acompañados por los levitas. Se ha llegado al poder sagrado, a una auténtica hierocracia. En primer lugar, nombra a Nehemías como gobernador, hijo de Jacalías y Sedecías, no siendo sacerdote, con 21 sacerdotes más, que completan el número 22. Es el número de las letras del alefato hebreo, una idea de totalidad. Une así el sacerdocio al contexto creacional primordial. En la segunda lista están los levitas en un número de 17 que representa la tribu de Leví con su posición de privilegio en el pueblo. Ellos serán responsables de enseñar y recaudar los fondos para la subsistencia de los levitas y para el templo. En la tercera lista están los jefes del pueblo en número de 44, el doble de las letras hebreas: la raza y el cumplimiento de la ley. Finalmente estaban los demás que atendían el templo: sacerdotes, levitas, porteros, cantores y los donatos como esclavos del templo. Además, los que se separaron de la gente del país. Todos se asociaron y acordaron:1) Vivir conforme a la ley de Dios, transmitida por Moisés. 2) No dar a nuestras hijas a las gentes del país ni tomar sus hijas para nuestros hijos. 3) No comprar nada en sábado; 4) Renunciar en el año séptimo a la cosecha y a toda clase de deudas. Todos tenían que contribuir y sostener el templo. Además nos comprometemos a contribuir con la leña, las primicias de la tierra, frutos, harina, mosto y aceite, para los sacerdotes, para las cámaras del templo de nuestro Dios, así como el diezmo de nuestras posesiones.

Los levitas recogen y los sacerdotes controlan, pero sacerdotes aronitas y no sadocitas, porque posiblemente los sadocitas no se podían contaminar con los asuntos económicos. Los levitas subirán la décima parte del diezmo al templo de nuestro Dios, a las cámaras del tesoro donde vivían todos los adeptos al templo. “No nos olvidaremos jamás del templo de nuestro Dios”. Con esta sentencia termina el capítulo diez, el compromiso hacia el templo como la cumbre de la observancia de la ley. Se constituyó una organización que lleva al enaltecimiento de Israel y, al mismo tiempo, a la opresión del pueblo. El texto continúa en el capítulo 11 que trata de la organización del pueblo y es continuación del capítulo siete. Es importante destacar que estos tres capítulos, que hemos presentados, son una unidad en sí misma pero puestos en un lugar que no les corresponde.

  1. Como un solo pueblo en la plaza frente a la puerta de las Aguas Considerar con atención el capítulo ocho donde se proclama la lectura solemne de la ley y que se relaciona con la lectura en el tiempo del rey Josías (2Re 22-23). Inicia el texto diciendo que “todo el pueblo se congregó como un solo hombre”, enlazando todo el capítulo con el último versículo, “se leía diariamente la ley y se concluye con una asamblea solemne”. Se enlaza el primer día del mes séptimo, llamado Tishrei, con el 15 del mismo mes. Se trata del primer Sabah, donde se ha dado la lectura de la ley, con el segundo Sabah, día dos, cuando se explican los textos y, se inicia la semana de las cabañas que termina con la celebración solemne en el octavo día. 2.1 La lectura solemne de la ley En el primer bloque del capítulo 8 se presenta la lectura solemne de la Torah. Si colocamos el texto en forma concéntrica nos muestra a los levitas como los protagonistas de ese día. La persona de Esdras es la que determina, en todos sus pasos, la lectura que se produce por la llamada y voluntad del pueblo. Esdras trajo la ley, leyó el libro, estaba de pie en la tribuna, abrió el libro, bendijo a YHVH. A continuación Esdras acompañó la lectura, dijo que era día sagrado y continúo diciéndole “vayan coman y beban vino dulce, el mosto de la nueva cosecha, porque este día está consagrado al Señor” (Neh 8,10). A los levitas los imaginamos desde el corazón del texto que nos muestra el verso 7. Ellos fueron el alma de los participantes involucrándose con el pueblo: explicándole las escrituras, latiendo sus corazones al lado de la gente y diciéndole que no lloraran porque era día santo. 132 El pueblo fue el protagonista del día, que lo organizó, que participó de pie y con gran atención, que escuchó con alegría y lloró de emoción. Compartió la comida y el vino dulce. Había comprendido las palabras que le explicaron. Era un solo hombre, eran hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Lloraron y se alegraron. La Ley o Torah contiene, en sí misma, una profunda significación en las letras hebreas hrwt: representa la herencia de los padres, para un caminar en la plenitud. Ella es el paradigma de la vida del mundo judío que se perpetúa en el tiempo. 2.2 La fiesta de las cabañas El segundo bloque, lleva el pueblo a celebrar la fiesta de las cabañas, como un memorial de los 40 años que Israel estuvo en el desierto (cf. 8,13- 17). Es el segundo día, o el sábado siguiente, el pueblo se reunió alrededor de Esdras para reflexionar sobre la Torah. El texto inicia con “los cabezas de familia de todo el pueblo” y concluye con “toda la comunidad de los que habían vuelto del cautiverio”. Parece ser que todos iniciaron el trabajo, pero que solamente los sionistas realizaron la experiencia. Es una tarea de los jefes de familia en los patios de sus casas y en las plazas. Allí se dan instrucciones con referencia al material que hay que usar, teniendo en cuenta los árboles y vegetación de Jerusalén y de Judá. Lo hicieron como memorial y, “hubo una gran alegría”. En las cabañas, como tabernáculos, experimentaron la vivencia de su pueblo en el desierto. Los dos bloques cierran con el fervor del pueblo parar conocer las escrituras: “se leía diariamente”. Y todo concluyó con una “asamblea solemne”. (Confr. Neh 8,18).

Nehemías 8,1-18 A 1 Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se congregó en la plaza que hay frente a la puerta de las Aguas y dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la ley de Moisés que Yahveh había impuesto a Israel. B 2 Así, pues, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo la ley ante la asamblea, compuesta de hombres, de mujeres y de todos los que tenían uso de razón. C 3 Desde el alba hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro en la plaza que hay delante de la puerta de las Aguas en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo tenía los oídos atentos al libro de la ley. D 4 Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tribuna de madera que habían hecho al efecto;

Junto a él estaban: Matitías, Sema, Ananías, Urías, Jilquías y Maasías a su derecha; y Pedayas, Misael, Malquías, Jasún, Jasbadaná, Zacarías y Mesulán, a su izquierda. E 5 Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, pues estaba en un puesto más elevado, que todos los demás. F Al abrirlo, todo el pueblo se puso en pie. G 6 Esdras bendijo a Yahveh, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén! ¡Amén!”. Y rostro en tierra, adoraron a Yahveh. X 7 Los levitas Josué, Baní, Serebías, Yamín, Acub, Sabetay, Hodías, Maasías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelayas enseñaban la ley al pueblo, que permanecía de pie. G’ 8 Y (Esdras) leyó el libro, la ley de Dios, explicándolo y exponiendo su sentido, a fin de que entendieran bien la lectura. F’ 9 Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, sacerdote y escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: “Este día consagrado a Yahveh, vuestro Dios. No hagáis duelo ni lloréis”. E’ Pues todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley. D’ 10 Y luego (Esdras) les dijo: “Id y comed manjares grasos y bebed vinos dulces, y también raciones a los que no tengan nada preparado, pues este día está consagrado a nuestro Señor. Y no os aflijáis, porque la alegría en Yahveh es vuestra fortaleza”. C’ 11 Los levitas calmaban a todo el pueblo, diciéndoles: “Callad y no os lamentéis más, pues hoy es día santo”.

B 12 Así que todo el pueblo se fue a comer y a beber, a repartir raciones y hacer gran fiesta, porque (todo el pueblo) habían comprendido las palabras que les habían explicado.

B 13 El segundo día, los cabezas de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron en torno al escriba Esdras para comprender mejor las palabras de la ley. C 14 Y hallaron que en la ley que Yahveh había mandado por medio de Moisés donde estaban que los israelitas debían habitar en cabañas durante la fiesta del mes séptimo. X 15 Lo anunciaron e hicieron pregonar por todas las ciudades y en Jerusalén con estas palabras: “Salid al monte y traed ramos de Olivo común y silvestre, de mirto, de palmera y de otros árboles frondosos, para hacer cabañas, como está escrito. C’ 16 Salió el pueblo y los trajo, e hicieron cabañas, cada uno en su azotea y en los patios, en los atrios del templo de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efraín. B’ 17 Toda la comunidad de los que habían vuelto del cautiverio hizo cabañas y habitó en ellas. Los israelitas no lo habían hecho así desde los tiempos de Josué, hijo de Nun, hasta ese día. Hubo, pues, gran alegría. A’ 18 Se leía diariamente, desde el día primero hasta el último, el libro de la ley de Dios. La fiesta duró siete días. Y el día octavo tuvo lugar, según costumbre, una asamblea solemne.

  1. Apartándose de los pueblos cercanos El capítulo nueve recuerda que el día 24 del mismo mes sucedió algo distinto, no relacionado con lo anterior, pero sí en un clima de exaltación, que le facilitó la lectura de la Torah. No se debe obviar ese número 24, el doble de 12 que indica las doce tribus de Israel, pero duplicado por la consciencia adquirida por la gente, por la lectura diaria de las escrituras y la vivencias en las cabañas. Se reunieron para un ayuno, vestidos de saco y cubiertos de polvo, la raza de Israel o zeºra` “semilla” o los que se consideraban auténticos seguidores de Abraham, Isaac y Jacob. De esta manera se quiso disfrazar el grupo de judaítas o sionistas que se separaron de los “extranjeros” nëkär rkn, palabra hebrea que sugiere el ser humano poseedor de sabiduría, que se proyecta con seguridad hacia adelante, mientras que la palabra zeºra` crz simboliza el ser amante proyectado para vivir su propia vida. Tiene una proyección espiritual pero egoísta (las semillas que busca reproducirse, por ellas mismas)

El problema es la separación: Es el inicio de una etapa de la vida de los sionistas, con exclusión de los pueblos que habitaban junto a Israel, hijos de Jacob, y que ellos llaman extranjeros. 1.1 Rito expiatorio El texto nos habla de tres momentos: la lectura, la confesión de sus pecados y la adoración a Dios. Allí presentes, junto a Esdras, estaban siete hombres, significando la perfección y, las palabras de los levitas que conducían y animaban a la asamblea a bendecir a YHVH, su Elohim, destacando la unicidad de YHVH, el eterno y el sublime. 1.2 Cántico Con anterioridad (Ver p 7) expuse el desarrollo del cántico en diez momentos, donde se aprecia una nueva interpretación del Éxodo, que no inicia con la Pascua de liberación, sino en el Sinaí sino con las tablas de la ley: la Torah (Textos compresivos del Levítico, Éxodo y Números). Todo el cántico está centrado en YHVH: “tú eres YVH el único, tú eres YHVH que elegiste a Abram, que viste la aflicción de nuestros padres, tú obraste prodigios y señales, tú hundiste en el mar a los egipcios, tú los guiaste y descendiste en el monte Sinaí. Y finalmente como síntesis; “tú les diste a conocer tu santo sábado, tú les impusiste mandamientos, preceptos y una ley por medio de tu siervo Moisés” (Neh 9,14). La palabra YHVH se concretiza en la Torah. Para demostrar la bondad de la Torah le diste pan del cielo y agua para beber. Ellos se rebelaron a cambio les diste un espíritu bueno y una tierra en heredad. Nuevamente se rebelaron, pero recurrieron a ti y tú los escuchaste… una y otra vez. El cántico termina cuando tú los exhortabas a volverse a tu ley; pero ellos no obedecieron tus mandatos. Fuiste paciente y no los abandonaste. 1.3 “Esclavos en el país de nuestros padres” Se termina el capítulo invocando a su Dios y sus poderes y recordándole que considere las muchas aflicciones sufridas y la misericordia que tuvo con ellos. Memorando tu fidelidad, oh Dios nuestro, que guardas la alianza y la misericordia. Le suplican que no tenga en poco las calamidades que han sobrevenido a nuestros reyes y jefes, a nuestros sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta el día de hoy. Y observan pues que nosotros ahora “somos esclavos en esta tierra” (Neh 9, 36) que entregaste a nuestros padres. Y nos hallamos en una gran angustia. Por esa situación le reclaman a YHVH y asumen una actitud de “heroico” compromiso.

  1. Acta de compromiso El décimo capítulo es claramente continuación del noveno y se articula en el compromiso de los grupos sionistas con la intención de involucrar a todo el pueblo. 4.1 Los grupos que se obligaron Los nombres entre los sacerdotes, primer grupo, figuran Nehemías, “el gobernador” escrito con un léxico que disminuye el nombre original de gobernador PeºHâ y, lo escriben con Tiršäºtä´ que indica jefe o mini gobernador. Así figura en Esdras 2,63 y Nehemías 7,65.69; 8,9 y 10,12. Nehemías aparece en la lista de Esdras 2,2 y de Nehemías 7,7. Y además en (Neh 1,1; 3,16; 8,9; 10,12; 12,26 y 12,47), como hijo de Jacalías, y Sedecías. Su abuelo Sedecías, no resulta ser descendiente del rey de Judá, también llamado Sedecías. Seraya está en la primera lista de los egresados con Zorobabel y hay un Seraya que es padre de Esdras. La mayoría son nombres nuevos y muy pocos con referencias antiguas. Todos ellos, según el Cronista, son sacerdotes, un total de 22. En la segunda lista de levitas solamente Josué y Binnui tienen un padre, los demás no se pueden identificar con sus antepasados. El total es de 17 levitas, Ayward R. 2008, p 323-28. La tercera lista, de autoridades civiles, tampoco tiene descendencia significativa. La lista es de 44. Es interesante que un buen número de los nombres terminen en ias, abreviación de YHVH, que tienes orígenes del Sur, pueblo de Judá y, ningún nombre tiene iniciales del dios Elohim, como es Eliseo, que pudiera demostrarse como descendiente de las tribus del Norte. Es particularmente sugerente destacar el grupo heterogéneo de los demás, un número importante dedicado al Templo con exigencias y necesidad de recursos. 4.2 Compromiso y recaudación organizada Los grupos señalados convinieron: 1. un compromiso de vida: “bajo juramento en vivir conforme a la ley de Dios (Neh 10,30-32). 2. Obligaciones: “dar un tercio de siclo al año para el servicio del templo y panes… para el holocausto perpetuo (Neh 10,33-34). 3. “Echamos suertes” sobre la ofrenda de leña… (Neh 10,35-36). 4. Ofreceremos: “los primogénitos de nuestros hijos… (Hch 10,37). 5. Las primicias: “nos comprometemos a traer las primicias (Neh 10,38). 6. Todo bajo el control de los sacerdotes: “Un sacerdote, descendiente de Aarón, irá con los levitas cuando éstos recojan el diezmo. Los levitas subirán la décima parte del diezmo al templo de nuestro Dios, a las cámaras del tesoro” (Neh 10,39). 7. Las ofrendas directa al templo: “Pues a esas cámaras han de llevar los israelitas y los levitas las ofrendas de trigo, de mosto y de aceite (Neh 10,40a).

Lo determinado por los grupos judaítas fue una carga imposible de sostener para el pueblo en general. Los poderes imperiales, sobre todo, la hierocracia del Templo originó un empobrecimiento que, al tiempo de Jesús, afectaba a la mayoría de la población, multiplicando los menesterosos atendidos por las casas de acogidas. Fue una medida que constituyó el Templo como un centro económico y comercial, que puso la base para un poder sagrado sacerdotal, constituyéndose una capa de plomo para todo Israel y que, al mismo tiempo, facilitó recursos para asistir a los israelitas en las sinagogas y repartir las enseñanzas de la Torah. El Templo llegó a ser un verdadero centro espiritual y cultual por la dispersión israelita que se ha multiplicado en el imperio helénico y particularmente en el multiétnico y multicultural del mundo romano, y enormemente facilitada por la red de comunicación del imperio romano. La obra de Nehemías y Esdras puso el fundamento para un movimiento socio-religioso con base en la Torah, en el Templo, en el poder levítico-sacerdotal, y con referencia davídica. Todo eso ha constituido un entramado que fue capaz de sobrevivir a todos los arremetes de las culturas foráneas y las presiones civiles-militares. 5. “No abandonaremos más el templo de nuestros padres” “No nos olvidaremos jamás del templo de nuestro Dios” es la idea que resumen el compromiso de los grupos judaítas y que, implícitamente, quieren imponer a todos los israelitas descendientes de Abraham que vivían en territorio cananeo y sirio (transeufratina), como a las colonias dispersas en el imperio persa (Neh 10,40). Ha sido una obligación que ha caló profundamente en el pueblo judío, logrando superar múltiples obstáculos en los siguientes cuatro siglos, como lo fueron las amenazas de los vecinos y las de los reyes seléucidas. 5.1 El poder del Templo Sobre esa base se conformó el futuro de Israel pasando por del poder del Templo. Según Sandro Gallazzi, los sacerdotes de origen sadocitas prepararon una nueva ley con sustento en la nueva casa de YHVH. La ley que el rey entregaría a Esdras estaría comprendida en los capítulos 40-48 de Ezequiel y que la Biblia de Jerusalén llama “La Torá de Ezequiel”. La podemos sintetizar en: el Templo, el Hekal o santo; dependencia del Templo, retorno de YHVH, servicio del pórtico oriental, partición de la tierra, parte de YHVH, la fuente del Templo y la partición de la tierra. Eso es lo que el poder sadocita implementó en Jerusalén, en los años siguientes a la visita de Esdras, y que Sandro Gallazzi ha investigado ampliamente, y nos propone como fascinante teoría con amplio fundamento en su libro GALLAZZI, S. – Rizzante A. Ensaios sobre el pós-exilio.

 A continuación, las principales ideas recabadas de los capítulos 40- 48 de Ezequiel, como la ley que el rey Artajerjes (II) ponen en las manos de Esdras. Del “Ensaios sobre el pós-exilio, Ez 40-48, (págs. 22-31) como un proyecto para Judá”:

  1. Empieza decir que el libro de la ley de Dios era también el libro de la ley del rey, o sea de obligación para el pueblo. Era una ley que se imponía a través de un sistema judiciario rígido con presiones, cárceles, muertes, deportación y confiscación de los bienes. Una ley con connotaciones políticas y económicas. 2. De todos los textos de la diáspora que más se acerca a este perfil es Ez 40-48 que refleja las situaciones organizadas alrededor del Templo, que eran inútiles en el exilio (Ez 45,13.46). No obstante, muchos biblistas piensan que el texto de Ez 40-48 es contemporáneo de Zorobabel y a Zacarías 1-8 Ayward R. 2008 p 329-33.
  2. El autor dice que el “príncipe”, muy presente en el texto de Ezequiel 40-48, es el propio sumo sacerdote por las funciones descriptas en el texto, funciones hierocráticas como “jefe de estado del Templo”. El sumo sacerdote es una nueva figura en sustitución del rey davídico cuya memoria, en este momento histórico, era peligrosa, sea para los persas como para los judaítas.
  3. Esta nueva propuesta política necesitaba una base económica para subsistir y por eso tenía que resolver el problema de la propiedad de la tierra. En Ez 40-48 se presenta una solución dando a la economía de la tierra una base teológica. El autor imagina que toda la tierra será dividida en lotes que van desde el Mediterráneo al Jordán, uno por cada tribus. En el medio hay una porción santa reservada a los sacerdotes, a los levitas y al sumo sacerdote. En tierra de Judá, la tribu de Judá estará al norte y la de Benjamín al sur, invirtiendo la geografía antigua. De esta área la mitad es tierra de YHVH. La tierra que no es de Judá, que se perdió en el 721 AEC, ya imposible de recuperar, será de las demás tribus.
  4. El autor afirma que Ez 40-48 no se trata de un texto de un visionario, sino de alguien que conoce muy bien el territorio. Es una nueva forma de considerar teológicamente la tierra, ella pertenece a Dios. Los sacerdotes y levitas no podían tener tierra en propiedad (Ez 40-48) sino el Templo quería controlar toda la tierra. Y el sumo sacerdote sadocita llego a ser el “príncipe” con autoridad hierocrática avasallante.

Breve conclusión

 Los capítulos 8-10 de Nehemías, colocan la base del judaísmo que se ha consolidado en el Templo, con autoridad y posibilidad de persistir en el tiempo, a cuesta de una vida sacrificada y, también, de una sociedad impositiva que se adueñó de la vida y del territorio de Judá. Ese modelo no es nuevo dentro de las iglesias cristianas, allí donde el poder religioso les permitió actuar con independencia de las autoridades civiles. La reflexión planteada nos permite reflexionar sobre esos peligros que pueden conducir a iglesias esclavizadoras y con carencia de un vivir humano integral.